Ciudad de valores
Las ciudades son, principalmente, las personas que la habitan y visitan. Y las personas son, de modo particular, los valores que orientan su comportamiento cotidiano: tanto en su modo de pensar como en la forma de sentir, el estilo de aprender o la manera de hacer.
Hacemos referencia a aquellos valores que representan mejor cada una de las personas que viven en la ciudad, una a una. Pero, de igual manera, nos hacemos eco de aquellos valores que representan al conjunto de ellas, a una mayoría significativa y a las inmensas minorías. En este segundo supuesto, hablamos de valores de la ciudad, no como categorías vinculadas al espacio urbano sino al conjunto de la ciudadanía que habita y visita la ciudad.
La finalidad última de una ciudad de valores es la conformación de un espacio de trabajo colaborativo para el fomento de una ciudad más circular, ecológica, colaborativa, próspera, cohesiva, equitativa, creativa, transcultural, colaborativa… a partir de un marco de valores democráticos compartido. Por lo tanto, dicho trabajo no se sustenta en una mirada neutra, aséptica frente a una u otra escala de valores, sino que apuesta por aquellos de carácter positivo y enraizados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Se trata de valores que permiten la localización de la Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Nueva Agenda Urbana, en busca de un desarrollo más humano y sostenible, tanto medioambientalmente como económica, social y culturalmente, mediante una gobernanza más democrática.
De esta manera, los valores se incorporan a la gobernanza de la ciudad, impregnando las estructuras y los procesos de las instituciones, empresas y entidades sociales radicadas en el municipio, así como la vida de las y los ciudadanos que la habitan y transitan.
Los valores dejan de ser abstracciones, intangibles y alejadas del devenir cotidiano de la ciudad para convertirse en fuente de inspiración de las políticas públicas, empresariales y sociales, de las agendas de cada una de las organizaciones locales y de las personas. Los valores condicionan la reformulación de los productos, servicios, experiencias, programas y actividades ya existentes, y provocan la puesta en marcha de nuevas iniciativas en la promoción de valores degradados o no presentes.
El abordaje de una ciudad, territorio o comunidad desde la perspectiva de los valores es un complejo reto que encara diversas tareas a completar. Todas ellas tienen por objetivo configurar una ciudad de valores.
La primera de las tareas es conocer los valores de la ciudadanía. Mediante herramientas tales como la observación directa o las encuestas presenciales, telefónicas o a través de las redes sociales, se puede establecer la relación entre el modo de pensar y la forma de sentir de las personas y los valores que priorizan.
La identificación de los valores compartidos como ciudad es objeto de la segunda tarea. A partir del cruce de la información correspondiente a la escala de valores de cada una de las y los ciudadanos se puede establecer un mínimo común denominador de valores. De igual manera, se puede observar la presencia de grupos de personas que discrepan en algunos de dichos valores o priorizan otros.
Partiendo del conocimiento de los valores de la ciudadanía, del mínimo común denominador compartido y de las diversas discrepancias de grupos y colectivos en torno a valores concretos, se puede diagnosticar el estado de los valores en la ciudad, con sus puntos de fortaleza y debilidad, de amenaza y oportunidad.
A continuación, se puede establecer un listado con los valores a trabajar en la ciudad: consolidando la presencia de algunos de ellos en la comunidad local, haciendo frente al deterioro y degradación de otros, y promoviendo aquellos que se encuentran ausentes.
Con el listado identificado, se puede abordar la consolidación, reparación y promoción de los valores a través de la actividad cotidiana de instituciones, empresas, entidades sociales y ciudadanía anónima.
Se puede completar la labor cotidiana de cada actor con un trabajo colaborativo, cocreativo y corresponsable, y de todos los sectores y agentes, en torno a iniciativas compartidas.
La siguiente tarea puede centrarse en compartir la experiencia en torno a los valores con otras ciudades, territorios y comunidades del mundo, con los que configurar una red de ciudades de valores. El despliegue coherente de los valores democráticos en la comunidad local, favorecerá un desarrollo más humano y sostenible, alejándonos de soluciones populistas y autoritarias a los grandes desafíos actuales.