La fiebre de los concursos que vive TVE en su intento (sin conseguirlo) de emular el éxito de Pasapalabra y La ruleta en Antena 3, les ha llevado a estrenar a todo correr, y sin promocionar, un juego semanal para el prime time de La 2 con posibilidades pero sin alma, y sin prácticamente ninguna posibilidad de que los concursantes (cuatro por programa) ganen un euro, lo que suele crear gran alborozo en los directivos de la tele pero mucho mosqueo y el cambio de canal en los espectadores. Por lo que sea, a un concurso de televisión se le pide que dé pasta.

Es lo mínimo. Y si no cumples con ese mínimo, la cosa se atraganta en la audiencia por muy didáctico o sorprendente que pretendas que sea el asunto.

El programa se llama Captcha: no soy un robot en un guiño a esas pruebas visuales que ponen algunas páginas de internet para asegurarse de que quien está por ahí es un ser humano y no un robot cualquiera con ganas de tocar las narices. Traducido, se trata de hacer las mismas pruebas que en concursos tan viejunos como Alta tensión, seleccionando en una pantalla las respuestas que son buenas entre un montón de opciones.

Personas viendo la televisión, en una imagen de archivo. Freepik

La novedad aquí es que en lugar de poner una animación de una bombillita que explota o se funde, cuando los concursantes pierden les hacen pulsar un verificador en el que, con la ayuda de la IA generativa (o lo que es lo mismo, un efecto visual baratillo pero resultón) descubrimos que esa persona era en realidad un robot (suele adoptar el aspecto de una de sus aficiones) y, como escarmiento, lo mandan a casa sin nada después de acumular miles de euros en su marcador, que tampoco pasan a un bote, simplemente se evaporan, no vaya a ser que se lo lleve algún día alguien, que esto es La 2 y no hay que hacer gasto.

Ni siquiera para corregir las faltas de ortografía de una IA que se olvida las tildes.

En definitiva, Captcha intenta tener un tono divertido y hasta burlón que ya tenían olvidado en La 2 y al que, sin embargo, no le acompaña su presentador. Rodrigo Vázquez presenta todo esto con la misma sobriedad que usa en Saber y ganar y hasta da paso, con ese tono tan formal, a un Don Quijote hecho con IA que habla como un adolescente antes de que hagan la siguiente pregunta sobre él. Y así, claro, es muy difícil sostener esto, si la única pista que nos da su presentador es una sonrisilla que no queda clara si es de complicidad o de incomodidad. En El cazador se le veía más moludable. 

Si hay que pisar el charco de la IA pues se pisa y chapotea como un niño o, de lo contrario, al intentar saltar el charco, como un adulto responsable, te puedes resbalar y pringarte más. Y esto, de momento, tiene más pinta de resbalón que de charco disfrutable. Pero en cualquier caso, es un charco.