La jauría humana, la muerte como espectáculo y el triunfo de los mentirosos
“Lo imposible suele suceder” (Diario de K, Karmelo Iribarren)
“¿Desde cuándo dar lecciones de moral se ha convertido en una prueba de virtud?”
(El murmullo de los otros, Diario de José Luis Cancho)
La jauría humana es una de esas películas de los años sesenta, en los que a veces, Hollywood deslumbraba, protagonizada por Marlon Brando, tiene también a Jane Fonda y Robert Redford como actores principales. Aunque vi la película, mis recuerdos son vagos, así que he tenido que buscar en la red, algunos detalles del film. Brevemente, el film cuenta la historia de un prófugo que vuelve a su pequeña ciudad de provincias. Los temas de corrupción, el racismo, el autoritarismo de los hombres ricos y la hipocresía de la sociedad son algunos de los matices de los personajes que desfilan por la trama. Tiene un comienzo suave y melodioso con bellas escenas del sur de los EE.UU. pero a medida que transcurre el relato, la paz del pequeño pueblo se transforma en violencia hasta llegar a disturbios y el linchamiento del preso escapado. Los apacibles y simpáticos habitantes de la ciudad sureña se convierten en una autentica jauría humana. Toda la serie de acontecimientos que llevan al linchamiento del prófugo estaban construidos sobre mentiras.
Con la muerte de Gene Hackman recientemente, me ha traído a la memoria otro film de los 80 sobre unos acontecimientos ocurridos en 1964, también en el sur, en Mississippi. El film lleva como titulo Mississippi Burning y relata la historia del asesinato de tres activistas de los derechos civiles que registraban a afroamericanos para las votaciones a la presidencia. Era la década de la lucha por los derechos civiles en los EE.UU. Secuestrados y asesinados por el Ku Kux Klan con la colaboración de las autoridades locales se convierten en antorchas humanas en las noches veraniegas del sur de los EE.UU. con espectadores aplaudiendo el espectáculo de las cruces en llamas. Dicen los politólogos y expertos en la materia que toda la división política tan radical hoy en día en los EE.UU. tiene el origen, sobre todo, en los Estados sureños con su profundo racismo y la derrota de la guerra de la secesión que sigue anclada en la memoria colectiva de sus pobladores. Así se van también creando estereotipos. En cualquier caso en ambos films la muerte se convierte en espectáculo en directo. La película no es ficción, está basada en hechos reales.
Y este es el título de un libro que publicó en Francia Michela Marzano en 2007. Se trata de un ensayo sobre la muerte como espectáculo, una encuesta sobre el horror en la realidad cotidiana. Han pasado seis décadas en los enfrentamientos y asesinatos de los activistas de los derechos civiles. Y es sobre el año 2004 que gracias a internet, las ejecuciones sumarias por grupos terroristas se convirtieron en noticia. La ejecución a veces en directo de periodistas, políticos opositores, o dictadores fueron la portada en noticias casi cotidianas. Ahora lo estamos viviendo en vivo en, Sudán, Gaza y Ucrania, por no hablar de otras guerras menos televisivas.
El ensayo trata de reflexionar de cómo en las sociedades modernas, (ya sabemos por la historia del circo de los romanos y la quema de brujas en la edad media que el hombre tiene ciertas aficiones a la muerte en directo) que se vanaglorian de ser civilizadas, como la muerte se ha transformado en un espectáculo deseado y consumido en todo tipo de pantallas a plataformas. No hay necesidad de navegar en la dark net para ver el horror.
Marzano trata de analizar como en las sociedades modernas se ha instalando una creciente insensibilización ante el dolor ajeno, un aumento de la indiferencia hacia la barbarie en el mundo contemporáneo. Además, el libro explora la responsabilidad de los medios de comunicación y de los espectadores en la difusión y consumo de estos contenidos violentos. La autora cree que la exposición constante a imágenes de violencia puede desensibilizar a las personas y reforzar la indiferencia hacia el sufrimiento humano.
Los contenidos violentos personificados de los vídeos diseminados por los terroristas en los ataques de Hamás en 2023 fueron la justificación para los ataques y masacres en los territorios Palestinos y, sobre todo, en Gaza. El documental No other land, que recibió el Oscar al mejor film extranjero en 2025, muestra la otra cara de la violencia. Más soterrada pero con la misma finalidad. Los autores han pagado caro su osadía de mostrar la realidad.
Estamos asistiendo diariamente a los bombardeos, que al ser vistos desde la distancia parecen menos violento que la ejecución en directo de los enemigos, sean estos de un lado o de otro. La impotencia, la rabia se instalan en nuestra conciencia, y nos preguntamos, ¿qué podemos hacer para tratar de parar esta barbarie?. Las propuestas para actuar están en todos los medios de comunicación, por pequeñas que sean, todas son validas.
Los mentirosos han vuelto al poder y otros continúan gobernando desde el siglo pasado.
La mentira de las armas de destrucción masiva fueron la disculpa para la invasión de Irak en 2001 o la inmensa mayoría de emigrantes maleantes que hacen inseguras las calles de la ciudades de los EE.UU. para su expulsión. El nazismo ucraniano fue una las excusas para la guerra en Ucrania. Las amenazas de los ruandeses exiliados en Congo han sido la justificación de la existencia del M23 en Kivu. El terrorismo islámico atribuido a los uigures en China fue la excusa para encerrar a un millón de ellos en campos educativos. Y cómo una supuesta amenaza de los musulmanes en India para justificar su marginalización cada vez mas amplia en las esferas de poder en India. Y así podríamos seguir una larga letanía. De este lado del Atlántico, en la cada vez más fortaleza europea con altos muros, la extrema derecha avanza en todos los países. Ya ni Portugal se ha salvado.
La construcción de mentiras y miedos a los que son diferentes, designados como bárbaros o delincuentes, son algunos de las estrategias e instrumentos que usan los líderes políticos para desatar la jauría humana y convertir la muerte de los otros en un espectáculo, que es en lo que se ha convertido hoy en día la política. La nueva jauría humana no es como el de los films de Hollywood, la clase media y popular manejada por los poderes, si no que son los nuevos magnates de guante blanco y smoking al mando de un showman que aspira a ser un nuevo emperador, ganar el premio Nobel de la Paz y pasar a la historia como el mejor presidente de los EE.UU. o del universo, ya que por una temporada fue uno de sus flamantes negocios, la elección de Miss Universo. La caza al inmigrante sirve de señuelo a la manada. Protegidos bajo los decretazos presidenciales y el paraguas del Tribunal Supremo, encapuchados dan caza al emigrante para enviarlos a terceros países o la infame prisión de Guantánamo o las mazmorras de Bukele, pasándose a la torera las leyes existentes y todos los derechos humanos. Con la ayuda presupuestaria del gobiernos actual que ha multiplicado por cinco su presupuesto. Como en todas las manadas, a veces las bestias se muerden unas a otras en la disputa por el mejor trozo de carne. Parece que el señor de las galaxias ha comenzado a dar algún mordisco al jefe de la manada.
Un espectáculo sangriento que nos mancilla a todos como ese final tremebundo del film titulado la substancia.