El tercer año de legislatura de Pedro Sánchez arranca con su Gobierno atrapado por la aritmética. La ruptura con Junts ha dejado a Pedro Sánchez en una minoría de bloqueo incapaz siquiera de sacar adelante la senda de estabilidad y abrir la puerta a unos nuevos Presupuestos, que por el momento se antojan una quimera. La legislatura se desliza así hacia un mínimo común denominador: medidas sociales dosificadas, mucha comunicación y el empeño creciente de eludir el desgaste que la actividad parlamentaria en minoría le supone. En paralelo, 2025 consolida el ascenso del fenómeno ultra. Vox crece en barómetros de voto por encima del 15% y se dispara en ámbitos autonómicos como Extremadura o Valencia. Su agenda –criminalización de la inmigración, negacionismo climático, ofensiva contra la igualdad de género y los derechos LGTBI, homogeneización identitaria y tradicionalismo patriótico– ha colonizado el centro del debate, empujando al PP a competir en ese terreno y obligando al resto a responder en terreno ajeno.

Un panorama que contrasta y da más valor a la situación con la que arrancan el año la Comunidad Autónoma del País Vasco y la Foral de Nafarroa. Los gobiernos de coalición que lideran Imanol Pradales y María Chivite, respectivamente han blindado la estabilidad como valor central, renovando su protocolo de colaboración bilateral hasta 2029 y extendiendo su agenda compartida a ámbitos de cooperación y mejora conjunta de las necesidades de la ciudadanía en sanidad, industria, cultura, euskera y transición verde. En su orden interno, las instituciones forales disponen de presupuestos renovados merced a un consenso suficiente propiciado por la representatividad soberana otorgada por la ciudadanía a través de sus representantes. El contraste con el Estado es nítido también en cuanto a la incidencia de las ideas ultraderechistas y xenófobas, contenidas y minorizadas electoralmente. Pero no cabe bajar la guardia porque el modo en que condicionan cada vez más la conversación pública puede desenfocar la prioridad de avanzar en autogobierno, cohesión social y modernización económica. Como tampoco cabe bajar la guardia ante la creciente actividad radical en el entorno de la izquierda con viejas estrategias de “activismo” en la calle de infausto recuerdo.