Tribuna abierta

El ‘Rey Luna’

10.06.2021 | 00:47
El ‘Rey Luna’

Podemos definir al monarca marroquí, Mohamed VI, como ‘rey Luna’, con una parte oscura a la que no llegan los reflejos del sol. Este supremo jefe religioso tiene dificultades para encontrar en qué aleya del Corán justifica su comportamiento ético en cuestiones económicas o cómo puede seguir utilizando la represión con tanta frialdad y como moneda de cambio a los habitantes pobres de su país

Hay quien explica que Luis XIV, el Rey Sol, estaba identificado con nuestro astro de referencia para la vida porque simbolizaba el orden, la regularidad y el esplendor que acaudillaba un poder dictatorial que provenía directamente de Dios, lo que en la práctica le permitía intervenir en las disputas teológicas, limitar el poder del papado en su territorio e imponer la obediencia del clero a la corona. Se habla también de que, así como los planetas giran alrededor del Sol, quería que todas las personas girasen en su torno y premiaba la adulación, no en vano era dueño de parte de su país, lo cual no le hacía abstenerse de vestir en ocasiones de manera extravagante.

Resulta sugerente comparar al Rey Sol con Mohammed VI, jefe del Estado marroquí desde 1999, pero, además de las citadas características, podemos intentar definirlo como Rey Luna porque conserva una cara iluminada que ha recibido la luz de un astro diferente, una cara oscura, al menos desde algunos puntos de vista un tanto negativos, y es en sí un símbolo lunar estrechamente vinculado al islam.

En la historia reciente de Marruecos, las potencias europeas han tenido muy en cuenta sus riquezas y su posición estratégica. En 1912, con el tratado de Fez, Marruecos se convirtió en un protectorado de Francia, pero Ceuta yMelilla y una parte del sur, en la frontera con el Sahara español, pasaron a ser un protectorado español. Aunque Marruecos conservaba su estado autónomo bajo gobierno del sultán protegido por Francia y España, en la práctica era una colonia. En 1927, Francia impuso a Mohamed V en su protectorado de Marruecos, para controlar mejor el país, pero Mohamed V, cuando Francia, invadida por Alemania, le impuso sus políticas germanófilas, apoyó el desembarco de los aliados en la costa de África con ayuda estadounidense; esta referencia no deja de tener sus ecos significativos en la actualidad.

Cuando en 1947 se fundó el partido nacionalista Istiqlal, y Mohamed V se fue acercando cada vez más al partido nacionalista árabe, los franceses decidieron deponerlo y exiliarlo a Madagascar en 1953. Pero la población estaba a su favor y el gobierno francés no tuvo más remedio que facilitar el retorno del rey con un mayor apoyo social e identificando a la monarquía con el nacionalismo, con lo que la independencia se hizo efectiva en 1956, año de la renuncia de los protectorados de Francia y España. En 1957 se hace auténtico el título de rey vigente actualmente en Marruecos.

En la construcción del nuevo Marruecos en torno al monarca, Mohamed V consiguió hacerse con el control de Las Fuerzas Armadas Reales, tras su pugna con el partido del Istiqlal. La Corona se fortaleció como garante de la unidad e integridad territorial del país, y en los diferentes textos constitucionales, el primero en 1962, se mantuvieron sus amplias atribuciones reales, una monarquía constitucional y de derecho divino al mismo tiempo, pues mantiene su referencia como descendiente del Profeta.

La llegada al trono de Hassan II en 1961 supuso un distanciamiento de los partidos políticos y una época de corrupción y represión, con revueltas populares, suspensión de la Constitución y un estado de excepción. En 1970 se aprueba una segunda constitución con la oposición de los partidos políticos más significativos. En 1972 se aprueba una tercera Constitución en la que la administración elige a un tercio de los diputados. En 1975 Marruecos invade el Sahara occidental, y aunque resoluciones de Naciones Unidas siguen considerando este territorio como sujeto a descolonización en 1981, el referéndum todavía no se ha celebrado. Los problemas económicos de Marruecos hicieron que en 1983 el Banco Mundial y el FMI le impusiesen un severo plan de ajuste estructural, pero, a pesar de la dura situación económica y de los recortes para poder pagar la deuda externa, Hassan II amasaba una gran fortuna. En 1996 se reformó la Constitución y, entre otras reformas, el Parlamento se empezó a elegir por sufragio universal.

En 1999 muere Hassan II y es sucedido por nuestro Rey Luna, su hijo Mohammed VI. El mismo año de su ascensión al trono muestra su parte iluminada de la luna y reforma el código de la mujer, queda abolida la poligamia, la tutela sobre la mujer adulta soltera y se establece una igualdad entre hombres y mujeres divorciados en la custodia de los hijos. Además, revisa los llamados "años de plomo" de su padre, lo que supuso indemnizaciones a miles de víctimas de la represión, un aliento para el regreso de los refugiados y un acercamiento al pueblo, consolidando la monarquía constitucional, el multipartidismo, la liberalización económica y el perfeccionamiento del estado de derecho. Pero tras el atentado terrorista de Casablanca ocurrido en 2003 comienza a verse la parte oscura del Rey Luna, pues las libertades civiles sufren un retroceso y vuelven los actos de represión: se amplía la prisión preventiva y la policía puede entrar en la vivienda sin orden judicial o interceptar llamadas y correo.

También a raíz del atentado de Casablanca en 2003, se dio cuenta del peligro de una falta de claridad en las normas religiosas, lo que dejaba un lugar amplio a las interpretaciones extremistas. Y los atentados terroristas en Europa han reavivado el debate en torno a la formación de los imanes, por lo que Marruecos se toma muy en serio la formación de los imanes en el interior, y acepta formar a los de Francia y otros países, con un consejo de ulemas para un entorno de cuatro millones de marroquíes en el extranjero, con el objetivo de evitar las inclinaciones radicales y los riesgos de adoctrinamiento.

Esto es posible porque Mohamed VI es Emir Al Muminín, Jefe de los Creyentes. Aunque el influyente movimiento Al AdlWalIhsane, Justicia y Espiritualidad, no reconoce la figura religiosa del rey de Marruecos y cuestiona la institución monárquica, y aunque los yihadistas marroquíes tampoco lo aceptan, como la minoría republicana del país, aún tiene un amplio sector de la sociedad marroquí que lo acepta y es una de las bases de su poder. Parece ser que su denominación religiosa es una de las razones por las que algunos análisis consideran que, a pesar de diferentes presiones y manifestaciones, las demandas democratizadoras de la denominada primavera árabe no explotaron en Marruecos.

Otro dato relevante en esta historia es que, como su padre Hasan II no estaba muy seguro de que acabaría su vida en el trono, tenía su enorme riqueza fuera del país. El autodenominado en alguna ocasión rey de los pobres dejó una gran fortuna a su hijo, que ha sabido alimentarla y mantenerla en diferentes entramados. Y realmente se le puede denominar sin el falso triunfalismo de su padre como rey de los pobres pues, según el FMI, Marruecos es el cuarto país árabe más pobre después de Yemen, mientras el lujo y el exceso son el pan de cada día y su modelo incentiva la concentración de la riqueza en la familia real en un país en el que el salario mínimo no pasa de doscientos euros.

Así pues, a esta parte oscura de la luna no llegan los reflejos del sol, y este supremo jefe religioso tiene dificultades para encontrar en qué aleya del Corán justifica tal comportamiento ético en cuestiones económicas, y tampoco es sencillo entender cómo puede seguir utilizando actualmente la represión con tanta frialdad, y como moneda de cambio, a los habitantes pobres de su país que quieren marcharse, cómo ha podido hacer realidad esa segunda marcha verde o marcha de la vergüenza inhumanitaria, precisamente con la reivindicación de Ceuta y Melilla al fondo, para presionar en la frontera en dos de sus reivindicaciones claves como dinastía alauí, y también para reforzar su poder en un momento en el que hay determinadas corrientes internas que no le son tan favorables.

En el contexto de este itinerario vital, uno tiene una cierta inquietud por conocer las acusaciones a las que tendrá que responder Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, ante la justicia, y las acusaciones a las que se podía someter a Mohamed VI ante un tribunal, y hacer una comparación. * Escritor

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