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Mesa de Redacción Entregados, por Iñigo Muñoz

Ayer hubo más de 4.000 personas corriendo por las calles de la ciudad. Todas ellas pisaron mucho asfalto, pero lo hicieron felices. Mola verlas. Uno, dos, uno, dos. Siempre hacia delante, por donde van los demás, salvo que seas el primero, cosa que no suele ocurrir. La capacidad de entrega de la gente tiene que ver con el placer que proporciona la práctica de algo. Si uno sabe que va a disfrutar recorriendo unos cuantos kilómetros sin necesidad de vehículo, se esforzará felizmente al máximo durante la prueba. Y eso se aprecia en la cara de la peña. Su sudor es sudor placentero. Su fatiga es fatiga buscada, y sin duda encontrada. Les confieso que participé en el primer maratón que tuvo lugar en Donostia, allá por 1978 si no recuerdo mal. Crucé la meta casi cinco horas después de haber tomado la salida, y fue lo único que tomé además de agua. Lo di todo, pero mi tope físico estaba demasiado cerca: la segunda parte del maratón la realicé caminando. Pero eso no impidió que disfrutara de la carrera, o si quieren del paseo. Lo mismo observé ayer en Gasteiz. Y también durante la noche del sábado al domingo, pero en diferente escenario: quienes nos reunimos en Helldorado con The Coup lo hicimos entregados: a la música, al sudor y a la revolución.