Mesa de Redacción En maketo, por Carlos González
Cuando éramos pequeños, en Vitoria las primeras ikastolas estaban comenzando y mis padres se lo estuvieron pensando. Al final, optaron por otra opción y tanto mi hermano como yo fuimos víctimas del Modelo A. Y sí, digo víctimas porque ni aprendías euskera, ni inglés ni casi castellano. Memorizar puede ser una vía para aprender, pero ni es la única ni debe ser la prioritaria. Con el paso de los años, mi hermano sacó tiempo de donde el pobre no tenía, se apuntó al euskaltegi y hoy es un vascoparlante más. Sí, fue a clase, hizo sus deberes y todo lo demás, aunque donde de verdad hizo suyo el idioma fue saliendo los viernes a la noche a tomar algo con sus compañeros de formación. "No salgo, estudio", decía. A mí, la pereza y los años de matar neuronas a base de cerveza y otras cosas, me hicieron desistir de seguir el mismo camino el par de veces que me lo planteé en serio. Hoy, como mucho, me da para leer los comunicados que me mandan al periódico y no perderme en las ruedas de prensa. E incluso para, en plan Yo Tarzán, tú Jane, comunicarme con los hijos de mis amigos. ¿Me arrepiento? Por supuesto, pero sobre todo porque sé que hay gente con la que me relaciono que no se puede expresar como quiere cuando estoy delante.