Mesa de Redacción Oh capitán, mi capitán, por Miren Ibáñez
Tengo un nuevo héroe y, teniendo en cuenta que no soy muy dada a la mitomanía, eso es mucho decir. De este hombre, porque al parecer es un hombre, no conozco su nombre, sólo sé que es profesor, profesión digna donde las haya. De hecho, se me ocurren pocas más dignas. Y pocas más proclives a la épica y, en consecuencia, a la posteridad. Oh capitán, mi capitán, proclamarán en este instante si fueron de los subyugados por aquella película tan intrascendente como íntimamente motivadora que fue El club de los poetas muertos; porque sí, confiesen, todos soñamos alguna vez con subirnos al pupitre para, en un acto de controlada rebeldía, rendir postrero homenaje a ese mentor que, con suerte, nos enseñó. Mi héroe es profesor de matemáticas, cuentan las crónicas. Francés. Un día, al parecer, sus alumnos le tocaron los pelendengues más de lo imprescindible y tuvo un momento de maquiavélica lucidez. "A ver, ¿cuántos veis Juego de tronos en la tele?". La mayoría levantó la mano. "Pues yo me he leído los libros. Así que, a partir de ahora, cada vez que me interrumpáis escribo en la pizarra el nombre del próximo personaje que va a morir". Spoiler a go-go. Al parecer, tras una puesta a prueba por parte de los alumnos con el consiguiente destripamiento de trama, el sistema fue efectivo. Fenómeno.