Mesa de Redacción Última hora, por Iñigo Muñoz
Joder, con la muerte. Con tanto desorden no hay manera de acercarse a la verdad de las vidas ya finalizadas. Muéranse de uno en uno, por favor, así los medios de comunicación podremos lanzar nuestras redes de palabras huecas, que es lo que suele hacerse en este trabajo cuando un personaje de cierta importancia política se marcha para no volver (lo del otro mundo lo dejamos para mejor ocasión). Parece de mala educación relatar las equivocaciones de los próceres cuando ya se han muerto, pero la vida se compone de aciertos y errores: unos no se entienden sin otros, y juntos forman las personas que somos, en general bastante idiotas. Ninguno de los dos finados recientes me caía especialmente bien. No comulgaba ni con sus ideas ni con su proceder. Tampoco creo que mi leve animadversión, quizás más perezosa que leve, les hubiera preocupado en vida: intuyo que tendrían otras cosas en que pensar. El caso es que, más allá del respeto que pueda guardar por estos dos señores ya fallecidos, que no me sobra porque hay gente que lo merece más, propongo para muertes futuras un poco de coordinación y un plan de ataque: no se permiten apelotonamientos en los decesos importantes y se limitará a dos días la información sobre el difunto.