Síguenos en redes sociales:

Mesa de Redacción Optimismo compulsivo, por David Erice

la verdad, no sé por qué nos preocupamos ni de qué tenemos miedo. El futuro nos depara buenas noticias. España ha pasado de ser una rémora a motor de Europa, que lo dijo hace unos días el presidente Rajoy y seguro que tiene muchos más datos que nosotros. Que cierren empresas, que suba el paro, que los jóvenes se vean obligados a marcharse o quedarse a costa de la pensión del abuelo -porque los padres ya no dan más de sí-, que los niños vayan al colegio sin desayunar, que la gente deje de poner la calefacción -no digo ya cambiar de coche o veranear- son anécdotas sin importancia. La cosa va bien y todos los datos (¿?) así lo atestiguan. Acuérdense de que Botín pronosticó no hace mucho que miles de millones se estaban amontonando en todo el mundo para poner rumbo a ese país que ya no se acuerda ni de cómo se escribe la palabra crisis. Pero no sólo el presidente ni el banquero mayor del reino son optimistas. El último en sumarse a esta corriente positiva ha sido Carlos Ocaña, presidente de la Fundación de Cajas de Ahorros, quien augura buenos tiempos porque se va a activar el consumo y el endeudamiento de las familias. No sé si sabe que una de cada tres personas consume alimentos caducados. Y no es por gusto, precisamente. Nos siguen tomando por tontos.