Mesa de Redacción Vivir, morir, arte y tiempo, por Miren Ibáñez
Estos días ha rulado por las redes sociales una frase atribuida a Paco de Lucía. No sé si era suya, si se la apropió o si simplemente forma parte de la leyenda que acompaña al genio. Lo mismo da. "Que la muerte te pille viviendo", dice la sentencia. Cuando supe de la muerte de Paco de Lucía, cuando leí que había muerto tras encontrarse mal mientras estaba con su familia en una playa del Yucatán, pensé que a pesar del drama, de la ausencia y del vacío para los que se quedan, no se me ocurría muerte más dulce para quien se va. No había escuchado a Paco de Lucía hasta hace diez años, creo, en el Festival de Jazz de Gasteiz. Y atesoraré para siempre los últimos temas de un concierto memorable en el que subido al escenario con Chano Domínguez y varios maestros de la Juilliard improvisaron a tres uno de esos momentos mágicos que nunca encontrarás en un disco, que tienen el valor incalculable de lo efímero, de la creación sin barreras ni correcciones. La otra noche, en un momento de lucidez, La 2 reemitió un documental rodado en su casa mexicana. Tumbado en una hamaca, con sorna, decía: "No se crean nada, lo que hacemos los artistas es estar tirados todo el día". Mentía, creo. A él la muerte le pilló viviendo y la Parca, jodida, aunque no descansa, no puede atrapar al arte.