Mesa de Redacción El juego de Navarra, por Miren Ibáñez
A estas alturas, habrán comprobado que en el lodazal de la política navarra lo de menos es la honestidad y el servicio público. Navarra es cuestión de Estado, que significa que es cuestión de escaños; para todos. Jugando a Maquiavelo, que es de lo que se trata, recordaría lo de que "no es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas", versión de lo de la mujer del césar. Y, aunque ninguno de los escándalos, investigaciones y denuncias fueran ciertos, de eso adolece el Gobierno de Yolanda Barcina. Pero en la política de hoy en día -quizá en la de siempre- eso parece dar igual. Así que, sigamos jugando. En el Risk navarro, la actitud victimista de Barcina seguramente es la más eficaz. Poner el ventilador del que vienen los vascos siempre le ha funcionado. Por eso reta al socialista Roberto Jiménez a presentar una moción de censura, una operación que necesita de Bildu y que tiene antecedentes fallidos, legendario agostazo incluido. Además, dimitir podría ser admitir internamente su derrota -y esta batalla también se libra dentro de UPN-. En las últimas horas, UPN juega no obstante con esa opción, vendiéndola como autoinmolación ante la amenaza de que el PSN abra la puerta del Gobierno a Bildu. La campaña ha empezado.