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Fundido en negro

En los últimos años, casi en cada gala de los Goya ha habido, con más o menos posibilidades, presencia con apellido alavés. Pero en casi todos los casos (Karra Elejalde, Unax Medía, Maite Ruiz de Austri...) se ha tratado de profesionales que hace tiempo abandonaron Álava. Éste no es un territorio para su profesión. Y no lo es, más allá de otras consideraciones, porque desde hace años se ha abandonado casi cualquier intento de contar con un sector audiovisual que, además, tenga una colaboración institucional. Es cierto que empresas e iniciativas se dan. Pero son pequeños oasis en el desierto. Hace un par de veranos, mientras se grababan en Gasteiz unos pocos planos de una película vasca, el productor me comentaba que rodar aquí un largometraje por completo era imposible puesto que supondría traer al territorio, y pagar su estancia durante varias semanas, a casi todo un cuerpo técnico que en la provincia no existe, aunque sí en Bizkaia y Gipuzkoa. La realidad es que muchos de los profesionales que aquí permanecen sobreviven gracias a diversificar su labor (el trabajo en publicidad es un ejemplo), mientras se encuentran con una Vitoria Film Office sin presupuesto, sin ningún tipo de política audiovisual, sin ayudas, sin valoración...