Voy caminando por la calle, yo, despistada mayor del reino, y me cruzo con un chaval, unos 16 años máximo. En una especie de pliegue del universo, llama mi atención un ser humano que camina más despistado que yo. Aunque, siendo precisos, el chaval no va despistado, anda más bien ensimismado. Gesto concentrado, cabeza gacha, ambas manos ocupadas en un móvil. No me da tiempo a comprobar si lleva auriculares porque está llegando a mi altura y tengo que esquivarle para que no protagonicemos un choque frontal en el que, cosas de la edad, tengo todas las papeletas para llevarme la peor parte. El chaval sigue su camino sin percatarse de nada, confiado en que el mundo le irá abriendo camino a su paso, supongo. Es un día primaveral agradable, cielo azul, temperatura suave... Pienso en que quizá ha recibido alguna noticia importante, quizá grave. ¿O estaría escroleando en TikTok? Me cruzo con una mujer. Ella sí lleva auricular, va hablando con el manos libres. Y recuerdo que muchos días yo también camino con auriculares, escuchando algún pódcast por ejemplo. De pronto, por lo que sea, me viene a la mente la maravillosa voz de Dolores O’Riordan cantando aquello de “In your head, in your head / Zombie, zombie, zombie”.