Se podrán decir muchas cosas de nuestro amado templo del cortado mañanero, empezando por el hecho de que ya hace 50 años necesitaba modernizarse y aquí estamos todavía. Pero lo que nunca nadie podrá poner en duda es la limpieza del local. Otra cosa no, pero nuestro querido escanciador de café y otras sustancias es un maniático del algodón no engaña. Dice el becario –o sea, su hijo– que le viene de madre, que siempre decía que se podía ser muchas cosas en esta vida, pero nunca un guarro. Y a continuación, para fijar conceptos, repartía una colleja a cada uno de sus hijos. Tal es el nivel de pulcritud en este lugar que hemos tenido inspectores de Sanidad que incluso han echado alguna que otra lagrimilla de emoción tras alguna inspección. Pero eso no quiere decir que los viejillos lleven toda la semana apostados en la barra hablando de ratas. En concreto, están encantados con esa especie de nueva generación de roedores nadadores que transmiten su mal por los mares, más que nada porque hay abuelos que sostienen que estos animales también vuelan, tienen perfil en Instachán e incluso te hacen la declaración de la renta. Bueno, o hacen todo eso o es que hay algún político al que no le llega el oxígeno al cerebro. Que todo puede ser.
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