“Disconnect & Self-Destruct” (Desconectarse y autodestruirse) decía la playera del lobo solitario que, revólver en mano, mató a una turista canadiense e hirió a 13 personas más en la zona arqueológica de Teotihuacán. Ese corto lema, proveniente de la True Crime Community y apropiado por los asesinos de Columbine, resume parte de la reciente oscura historia masculina del mundo. Hombres jóvenes y nihilistas deciden que el mundo debe pagar colectivamente por su sufrimiento individual, así que se arman y comenten crímenes aparentemente aleatorios. Pero estos asesinos no se creán en un vacío y a menudo son víctimas del ostracismo social y de la violencia. Por eso se refugian en las redes sociales, en las que pueden hacer reels y montajes con IA de otros asesinos en masa que tuvieron el “valor” de vengarse de todos. En España vemos con espanto cómo se extiende una violencia que creíamos confinada a EE.UU., pero deberíamos mentalizarnos de que estos crímenes no entienden de fronteras y que, si queremos prevenirlos, tenemos que hacer comprender a estos chavales que ni están solos ni van a encontrar gloria o alivio a su sufrimiento en la muerte, porque cuando nada vale nada ese es el lugar en el que brota la falsa esperanza.
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