Estados Unidos es un país de acrónimos. Son muy buenos resumiendo en unas siglas todo tipo de conceptos. Con tres o cuatro letras son capaces de resumir lo que supone una de las agencias gubernamental de espías más y mejor equipada en el planeta (CÍA) o una filosofía como MAGA, que resumiendo de manera grotesca, viene a decir que más allá de las narices del Tío Sam no debería existir nadie con derechos. Últimamente, y sin salir de quienes profesan la cuasirreligión de Made America great again, hay quienes empiezan a acuñar una nueva sigla: TACO (Trump always chickens out). Como mi inglés ni siquiera llega al nivel de paupérrimo, he tenido que documentarme para poder contextualizar la nueva abreviatura. En una traducción casi académica, viene a decir que Trump siempre se acobarda después de un órdago. En una traducción menos ejemplar, podría transcribirse como Trump, capitán de las gallinas. En fin, que se conoce que al líder del Occidente presuntamente civilizado ya le ha surgido oposición entre sus propios acólitos, cansados, al parecer, de las veleidades de un hombre capaz de defender una tesis y la contraria en la misma frase y de marear a propios y extraños con sus formas de hacer política y de defenderla.
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