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Mesa de Redacción

Oscar San Martín

Pobres niños

Para el que escribe estas líneas pocas cosas hay más saludables que, cuando las obligaciones laborales lo permiten, presenciar los partidos de fútbol de mi hijo los fines de semana. No es mi caso que conste, pero imaginen que ese club al que pagas una pasta para que tu pequeño practique una de sus grandes pasiones arrastra una astronómica deuda de 386.000 euros. Imaginen que no está al día en los pagos ordinarios (mutualidad, árbitros, entrenadores...). Imaginen que el proveedor de ropa deportiva no se fía de ti y por eso tienes que jugar los partidos con camisetas viejas. O que la empresa de autobuses que debe llevarte a algún lugar también te ha puesto la cruz. En definitiva, imaginen que la estabilidad de un club con casi cuatro décadas de existencia y más de 700 chavales en su estructura que factura muchísimo dinero de las cuotas de los padres o el acuerdo de colaboración con un pez gordo de Primera está en peligro por la oscura gestión de alguien que, para más inri, no quiere presentar las cuentas cuando la Diputación se lo exige en una auditoría. Por el bien de esos niños que sueñan algún día con ser Messi, Cristiano o alguien no tan famoso, ojalá todo se solucione cuanto antes. Ninguno se merece el sainete que este periódico destapó allá por diciembre de 2025.