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Mesa de Redacción

César Martín

Toda una vida profesional escribiendo y hablando sobre Vitoria y Álava

Televisión

Hacía tiempo que no experimentaba una sensación semejante. Me refiero a la de desesperarme hasta el límite viendo deporte por la televisión. Pensaba que con el paso de los años y la acumulación de todo tipo de cargas vitales y laborales, esa sensación casi identitaria siguiendo los colores de mi equipo sería pasto del apaciguamiento forzoso, de ese que llega impuesto por la vida y sus múltiples condicionantes. Pero no. Ni por asomo. Fue sentarme en el sofá, escuchar la introducción del presentador y la nota técnica de los dos colaboradores de la retransmisión, al parecer, doctos en la materia, y empezar a ponerme de los nervios antes siquiera de que el trencilla pitase el inicio del juego. Supongo que hay actos reflejos insertados en nuestro ADN que solo necesitan el ambiente adecuado para reproducirse. Y el fútbol, los colores de la camiseta, el escudo en el pecho, la afición en las gradas y la pasión por el deporte lo son. Entiendo que hay sensaciones difíciles de relatar, sobre todo, cuando se intenta trasladarlas a otros que no entienden que la opción elegida está recurrentemente ligada al sufrimiento y rara vez a las alegrías de los resultados y los triunfos históricos. En fin, supongo que hay cosas que tienen difícil explicación. Son así, y punto.