No me gustaría ser pesado, aunque entiendo que volver con la matraca no es del gusto de todos. Tras leer uno de los últimos trabajos prospectivos elaborado sobre la actualidad municipal de la capital alavesa, me queda el amargor de una de sus conclusiones respecto a una previsión de concejalías en el Consistorio gasteiztarras tras la celebración de las próximas elecciones municipales y forales de 2027. Según el citado estudio, la marca de la ultraderecha más rancia del Estado español lograría sentarse en el plenario consistorial junto al resto de formaciones políticas tradicionales. Tendría un edil y reeditaría así la representación que ya tiene en las Juntas Generales de Álava o en el Parlamento Vasco. No me entiendan mal, porque soy un firme defensor de las estructuras de tinte democrático a la hora de establecer el signo del que se responsabilizará de ejercer el poder en el entramado institucional. En él, incluso hay espacio para quienes no creen en este sistema político ni en el país que las sustenta, ni en sus libertades, ni en su cultura, ni en las reglas mínimas de convivencia. Supongo que de todo tiene que haber en la casa del Señor y que cada cual es hijo de su padre y de su madre. No obstante, hay ocasiones en las que una simple palabra me eriza el vello.