Desclasificados los documentos secretos que existen –importante matiz– sobre el 23-F. Javier Cercas daba el titular: “El gran secreto del 23-F es que no hay ningún secreto”. En estos tiempos de conspiraciones, quizá el mejor servicio que presta a la democracia esta desclasificación es cerrar vías a teorías maquinativas absolutamente interesadas. Me parece interesante el documento de la Dirección General de Policía respecto al PCE, de mayo de 1981, en el que se constata la preocupación en el seno del Partido Comunista ante el peligro “que supone dejar a la extrema derecha que impere en el mercado negro del rumor”. En esa nota, dirigida al secretario general del PCE, se alerta de que “la extrema derecha quiere implicar a la monarquía y destrozarla como institución democrática”. No destaco este asunto para centrarlo en la monarquía –y tiene su puntito, si tenemos en cuenta que son los comunistas los que avisan–, sino en el sujeto, la extrema derecha. El recurso a la conspiración como herramienta de manipulación no es nuevo, ni mucho menos, pero en el mundo que nos ha tocado vivir encuentra demasiado terreno fértil para prosperar. No puedo evitar recomendar El péndulo de Foucault, de Umberto Eco. Y precisamente porque eliminar espacios de sombra siempre será bueno para la salud de la democracia, esta desclasificación pone en evidencia las que deben venir, empezando por la relativa al 3 de Marzo.
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