No soy especialmente aficionado al baloncesto, pero estoy encantado de que el Baskonia haya ganado la Copa del Rey. Para empezar, han ganado al Real Madrid. No soy un hater que esté en contra de ellos ni nada por el estilo, pero me encanta ver cómo el pequeño cambia las tornas y se come al grande. La historia de David contra Goliat me gusta en todas sus formas. Segundo, y mucho más importante, le han dado una gran alegría a esta ciudad. Se suele decir que los periódicos se dedican a recopilar las peores noticias del día y, aunque muchas veces es verdad, de vez en cuando pasan cosas que nos permiten dibujar más sonrisas que ceños fruncidos en nuestros lectores. Es una gozada ver a mis amigos, conocidos y compañeros de trabajo con sus bufandas o camisetas azulgranas y un brillo en los ojos mientras explican qué estaban haciendo cuando sonó la bocina final, las ganas que tienen de ir al recibimiento de los ganadores o, si peinan canas –si es que les queda pelo– cómo recuerdan los triunfos anteriores del equipo de su vida hace ya dos décadas o más. Me gustaría decir lo contrario, pero días como estos son raros y, por ello, estoy agradecido. Gracias, Galbiati. Gracias, Cabarrot. Gracias, Omoruyi. Gracias, Forrest y, por supuesto, gracias, Baskonia.
- Multimedia
- Servicios
- Participación