La Naturaleza es sabia y, desde luego, paciente. Supongo que a estas alturas de la película ya barrunta que a la Humanidad le quedan dos Teleberris. Me temo que no serán necesarios cataclismos extras, ni la llegada de civilizaciones extraterrestres con mala baba, ni una vuelta de tuerca extra al cambio climático para poner fin al reinado de los Homo sapiens. Todas las pistas apuntan a que el Armagedón definitivo derivará de la estupidez propia de unos seres que protagonizan a diario hechos inverosímiles que solo pueden ser el preámbulo de una gran extinción. Al menos, esta es la conclusión que me queda tras leer con detenimiento cómo hay adolescentes que, por aburrimiento, por ausencia de cariño, por falta de sangre en el cerebro o por pasos equivocados en la selección natural, se divierten retándose a ver quién es el que más aguanta sin desmoronarse ni morir tras ingerir cantidades de medicamentos equivalentes al consumo diario de los residentes en una de las plantas de Txagorritxu. ¿El objetivo final de la iniciativa? Pues no lo tengo muy claro, porque todos hemos sido jóvenes e inconscientes, pero me da al hocico que no a niveles de perseguir una autodestrucción consciente de lo más onerosa. En fin, dadas las circunstancias, que Dios nos pille confesados.
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