La verdad es que hay ocasiones en las que no comprendo muy bien lo que hacen los estrategas (sean estos quienes sean) de determinados partidos políticos. Supongo que deben de realizar su labor con toda la buena intención del mundo para satisfacer los intereses de sus respectivas formaciones, aunque con resultados que rara vez se acercan a las pretensiones iniciales. Desde mi ignorancia supina, alimentada conscientemente para evitar tentaciones de sabelotodismo, acostumbro a enfrentarme a la realidad haciéndome apuestas a mí mismo sobre qué va a acontecer en las previas de determinados episodios nacionales. ¿Mis armas? Desde luego, mis nociones no bastan para pasar como analista político de campeonato, así que me fío de la lógica y del contexto. No hace falta ser un lumbreras para barruntar que nada de lo que se hace en el Estado sirve para evitar el crecimiento imparable de opciones políticas que son un trauma para la democracia, como la está haciendo Vox, por ejemplo, en la nómina de resultados de las elecciones anticipadas de Extremadura y, sobre todo, Aragón, donde quien quiere evitar el paso de la ultraderecha la está alimentando hasta cuotas insospechadas, y lo que te rondaré, morena. En fin, como de costumbre, que Dios nos pille confesados.