Nuevo año, nuevos propósitos y nuevas tonterías. Estoy siendo asaltado por reels de influencers explicando que el gran movimiento social este 2026 es volver a lo analógico y abandonar lo digital. Es decir, abandonar todas las redes sociales, los servicios de streaming, los videojuegos, los vídeos de Youtube… Cómprate un teléfono de tapa, DVDs de tus series favoritas, usa cintas de casette y serás feliz. Por supuesto, dichos creadores de contenido demuestran que están siguiendo esta nueva ola haciendo vídeos en los que documentan cada segundo de sus experiencias. Me viene a la cabeza el vídeo de una chica que fue a los Dolomitas para disfrutar de una desconexión digital que, entre cambiar el trípode entre planos y editar el vídeo final, estoy seguro de que disfrutó. Ante unos problemas que verdaderamente nos afectan a todos –la intromisión de las redes sociales en nuestras vidas, la desaparición progresiva del derecho a la propiedad de nuestros productos con el streaming– unos cuantos han aprovechado para hacer caja. El año ha comenzado con una de esas tendencias hipócritas ni necesitamos ni nos podemos permitir porque, nos guste o no, ahora nos comunicamos por Wi-Fi y no por carta. La última moda online es estar offline.