La masacre del 3 de marzo de 1976 se encuentra muy viva en la memoria colectiva de Gasteiz, por mucho que haya pasado ya medio siglo de la brutal intervención policial en la iglesia de San Francisco de Asís de Zaramaga.

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En imágenes: Homenaje en el monolito de Martxoak 3 Jorge Muñoz

La ciudad se echó este martes a la calle durante toda la jornada, el día exacto en que se conmemoraban esos 50 años sin verdad, ni justicia ni reparación para las víctimas de la matanza y sus familias, en un clamor que vivió sus actos centrales ya bien entrada la tarde, tras las ofrendas florales, los actos políticos y las primeras manifestaciones matinales.

Especialmente multitudinaria y emocionante fue la ya histórica movilización popular que unió la Catedral Nueva, escenario de los funerales por los primeros obreros asesinados en 1976, y la Plaza de la Virgen Blanca, donde miles de personas homenajearon no solo a las cinco víctimas locales, Pedro Mari Martínez Ocio, José Castillo, Romualdo Barroso, Bienvenido Pereda y Francisco Aznar, sino también a las que la represión posterior se cobró en Basauri y Tarragona, Vicente Antón y Juan Gabriel Rodrigo.

Mayores que participaron en aquellas luchas, personas de mediana edad y también muchísimos jóvenes hicieron suya la histórica frase pronunciada durante aquella no menos multitudinaria despedida del 5 de marzo de 1976 por Jesús Fernández Naves, líder obrero recientemente desaparecido: “Estos son nuestros muertos. Son de todo el pueblo de Vitoria”.

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La Catedral acoge una misa en memoria de los asesinados del 3 de marzo Pilar Barco

Con las estremecedoras grabaciones de radio de la Policía Armada de fondo comenzó previamente el tradicional homenaje a las víctimas junto al monolito de Zaramaga erigido por trabajadores de Forjas Alavesas tras la masacre. “Eran las 5.00 de la tarde y son las 5.00 de la tarde”, recordó la asociación Martxoak 3, que enumeró en voz alta el nombre de los obreros asesinados mientras los primeros aplausos arreciaban.

'El pueblo no perdona'

“Herriak ez du barkatuko!”, clamaron los asistentes, tras lo que subieron al escenario algunos de los protagonistas del movimiento obrero de la época. Una emotiva ovación, bertsos y, tras el aurresku de honor, rompió el silencio el sonido de la canción conmemorativa por este medio siglo, Amets Berriak.

A partir de ahí, varias columnas de manifestantes se dirigieron hacia la Catedral Nueva, donde tras la misa oficiada por el obispo de Gasteiz arrancó el homenaje final del día, que a buen seguro será recordado para la posteridad por sus dimensiones, respuesta y simbolismo. Poco a poco, los participantes se dirigieron hacia la Virgen Blanca con el Campanades a morts de Lluís Llach de fondo, en medio de un silencio apenas interrumpido por los irrintzis.

“Borroka da bide bakarra”, gritaron al unísono los asistentes. Jon Basaguren y Libe García de Cortazar pusieron las primeras notas musicales y no faltaron las palabras de recuerdo para todas las personas que pelearon por cambiar las cosas durante los años finales del franquismo, también sin el dictador, pero ya han fallecido, como el propio Naves o Paco Lecuona, o los llamamientos a la huelga el próximo 17 de marzo.

La espectacular kaixarranka ofrecida frente a la escalinata fue uno de los momentos cumbre de un acto en el que también tomó la palabra el bertsolari y escritor Jon Maia: “Martxoak 3 ez da egun bat, bizitza bat da”. Nerea Martínez, portavoz de Martxoak 3, reclamó por su parte que el Estado reconozca ya su “responsabilidad directa” en los crímenes.