Eduardo Coudet ya es historia del Deportivo Alavés. El preparador argentino ha abandonado el equipo albiazul para poner rumbo a River Plate donde le espera ahora una nueva etapa en uno de los dos colosos del fútbol de Argentina.

Mientras tanto, en Vitoria, el experimentado Quique Sánchez Flores ha sido el elegido por la directiva hasta junio de 2028 para redirigir el rumbo de un barco que cada vez veía más de cerca el naufragio en la clasificación.

A la espera de ver los resultados, y poder determinar si la decisión ha sido la correcta o no, lo que sí está claro es que hay un jugador de la plantilla actual al que este cambio de entrenador le puede venir de perlas. Ese no es otro que Mariano Díaz, un futbolista que, con Coudet bajo los mandos, gozó de su última convocatoria el pasado 14 de diciembre.

El incidente que protagonizó junto a Moussa Diarra el día 16 de ese mismo mes, en el entrenamiento previo al encuentro de Copa del Rey ante el Sevilla, le sentenció como jugador del Alavés. Al menos mientras Coudet estuviese sentado en el banquillo de Mendizorroza.

Pese a las palabras de Sergio Fernández de hace menos de un mes en las que el director deportivo mostró su deseo y confianza por revertir la situación con el atacante hispano-dominicano, el exentrenador albiazul continuó inamovible en todo momento. Ahora bien, su salida hace que se abra un nuevo escenario en el conjunto vitoriano.

Además de perseguir y certificar el objetivo primordial de la permanencia, Quique también deberá lidiar con la patata caliente que supone el tema de Mariano. A falta de que el entrenador madrileño se pueda pronunciar sobre el asunto, todo hace indicar que el delantero puede tener un nuevo comienzo en el Alavés en esta recta final de temporada. 

De hecho, ya entrenó este martes a las órdenes de Urbano Santos. Eso sí, deberá poner de su parte para ganarse la confianza del nuevo técnico después de tres meses prácticamente en vano.

Una relación conocida

Ibaia será testigo del reencuentro entre Quique y Mariano Díaz tras la aventura que ambos vivieron en el Sevilla. El preparador madrileño fue el último técnico que dirigió al canterano del Real Madrid en el conjunto hispalense en la primera mitad de 2024. 

Desde aquella etapa en Nervión, en la que el Sevilla finalmente logró una permanencia holgada, ambos han tenido vidas paralelas. Mariano, tras un año sabático en el que no recaló en ningún equipo, llegó el pasado mes de julio a ponerse a prueba con el Alavés. Una pretemporada satisfactoria que le sirvió para hacerse con el dorsal 9 de la disciplina albiazul.

Un caso similar al que ha vivido Quique, que desde que dejó el Sevilla en junio de 2024 no había vuelto a sentarse en un banquillo hasta ahora, momento en el que ha recibido la llamada del Alavés. De este modo, ambos se reencuentran ahora a 820 kilómetros de la capital andaluza tras pasar más de un año en blanco.

La principal incógnita ahora radica en ver si el madrileño confía en Mariano y viceversa. El Alavés está sobreviviendo a esta temporada con apenas dos delanteros –además de la ayuda de Mañas–, y a la espera de Diabate, contar con el hispano-dominicano puede ser un añadido en este tramo del curso donde las piernas pesan más que nunca. Para ello, Mariano deberá emplearse a fondo en coger su mejor tono físico.

En el Sevilla, de la mano de Quique, el delantero hispano-dominicano disputó 90 minutos repartidos en seis duelos. Una cifra que puede parecer un tanto escasa, pero lo cierto es que Mariano se perdió gran parte de los partidos debido a diferentes molestias físicas. Siempre que estuvo disponible en una convocatoria, el madrileño le dio la oportunidad de jugar aunque fuesen cinco minutos.

“Mariano no va a ir convocado tampoco hoy. Es un chico que vemos con dificultades en el entrenamiento, con dificultad para moverse y hacer lo que nosotros queremos. Vino a hablar con nosotros esta semana y nos dijo que no tenía buenas sensaciones. No podemos convocar a un jugador que no está al 100%”, destacó Quique sobre el atacante en una rueda de prensa con el Sevilla.

Si Mariano termina logrando su mejor forma física, todo parece indicar que será un futbolista con el que Quique pueda contar para la recta final del curso. Ahora, el balón está en su tejado, y tras la marcha de Coudet tiene una nueva oportunidad –quién sabe si la última– de poder reivindicarse.