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Saturnino GarcíaActor

“Siento que todo lo que no pude hacer en su momento lo quiero cumplir ahora”

El veterano actor protagoniza una aventura rodada en Galicia que mezcla humor y emoción para reflexionar sobre la memoria, la amistad y el paso del tiempo.

“Siento que todo lo que no pude hacer en su momento lo quiero cumplir ahora”

A sus 91 años, el actor leonés Saturnino García (Bariones de la Vega, 1935), aunque muy vinculado a Barakaldo (Bizkaia), presenta su nueva película como protagonista: 'Dos días' (Gonzaga Manso, 2026). Rodada en Galicia, esta cinta de aventura y comedia existencial, que incluye el gallego entre sus idiomas, cuenta la historia de José Antonio, un hombre mayor que empieza a perder la memoria. A pesar de la oposición de su familia, convence a su amigo Mingo para salir a pescar en una barca, pero ambos acaban a la deriva en medio del mar. Atrapados en una diminuta embarcación, la travesía se convierte en un viaje inesperado sobre la vejez, la amistad y la manera de afrontar el paso del tiempo.

¿Qué fue lo primero que le removió cuando leyó el guion?

-Lo primero que me removió al leer el guion de Dos días fue su contenido. Y, sobre todo, la envergadura del personaje de José Antonio. Eso fue lo que más me atrajo. También hubo un motivo previo importante: el encuentro con el director y el productor. Nos causamos muy buena impresión mutuamente. Después, al leer el guion, sentí un reto muy fuerte. Me encontré con un personaje que nunca había hecho: un papel de gran envergadura y, además, como protagonista único. 

Gran parte de la película transcurre en una barca, en alta mar. ¿Fue un rodaje físicamente exigente? 

 -Sí, claro, es exigente y nada cómodo. En los rodajes, como en cualquier trabajo de ficción, hay cosas más y menos cómodas. Pero eso no las hace más o menos gratas, porque incluso lo más cómodo puede ilusionarte por el resultado que esperas. En mi caso, lo de la barca fue una experiencia nueva. Paso casi más de la mitad de la película hablando en constante balanceo, y eso se nota. Aunque en algunas ocasiones se rodaba en una zona más recogida, preparada para sujetar la barca y que no se moviera tanto, sobre todo para facilitar el trabajo técnico, porque la cámara necesita cierta estabilidad. 

El mar como un “director”...  

-Pues casi. Lo cierto es que en la barca estabas hablando todo el tiempo mientras te balanceabas, porque el mar es muy vivo y tiene su propio carácter. En el mar tienes que hacer lo que él diga. Tú intentas, técnicamente, hacer lo que quieres, pero siempre manda él. Para alguien de interior como yo, ha sido una experiencia bonita. Los pescadores están acostumbrados, pero para mí era algo completamente nuevo. 

Saturnino

¿Ha tenido cerca casos de alzhéimer que le han ayudado a entender mejor al personaje?  

-No lo situaría cerca del alzhéimer, ni siquiera me he parado a pensarlo. Al final, uno trata con gente mayor sin profundizar tanto como para saber si tiene más o menos memoria. Todos los mayores perdemos una parte de memoria, aunque también recuperamos otras. Hay algo en lo que creo firmemente por experiencia propia: en lo cotidiano no tengo la memoria de un joven. Sin embargo, puedo estar dos horas trabajando con un texto sin perderlo, o aprenderme un papel que me haga hablar durante dos horas seguidas, incluso más rápido que un joven, quizá por la experiencia. Son tipos de memoria distintos. No niego que con la edad se pierdan cosas, incluida la memoria, unas más que otras. Yo no siento que tenga una pérdida real, sino una memoria diferente a la de los jóvenes. Puedes olvidarte de detalles, como dónde has dejado la gorra después de tomar un café, pero eso son cosas propias de la edad, no una pérdida de facultades para desenvolverte en la vida. Al final, tienes tal cantidad de información acumulada que el propio cerebro parece aliviarse soltando esas pequeñas cosas.

Comparte muchos momentos en pantalla con Jesús Outes, que no es actor profesional. ¿Cómo ha sido trabajar con alguien tan distinto en formación?

-Todos sabemos que hay mucha gente que sin ser actor ha hecho un papel y no lo ha hecho nada mal. Ahí están, por ejemplo, las películas con niños protagonistas: ¿dónde han estudiado para ser actores? Pues simplemente tienen algo por carácter, y eso mismo ocurre también con los adultos. En el caso de Jesús, nunca había actuado, pero se ve que lo probaron. No hubo mucho tiempo de preparación; lo incorporaron muy cerca del inicio del rodaje. Y, aun así, funcionó muy bien. Además, él ha estado toda la vida familiarizado con el mar, y eso se nota. Al final, casi no percibes diferencia entre trabajar con alguien sin formación y hacerlo con un actor que ha estudiado años y lleva muchas películas a sus espaldas.

En corto

Premios. Entre los numerosos premios y reconocimientos que ha recibido Saturnino García destacan el Goya a Mejor Actor Revelación (1995) por Justino, un asesino de la tercera edad; la Biznaga de Plata (2023) a la mejor interpretación masculina por Tierra de nuestras madres; el FANT de Honor (2025), en reconocimiento a su trayectoria; y la Biznaga de Honor (2026), como premio a toda su carrera interpretativa.

Carisma. Antes de dedicarse profesionalmente a la interpretación, trabajó en distintos oficios. A lo largo de su carrera ha destacado por su carisma, su estilo natural y su presencia en numerosas producciones cinematográficas y televisivas. Sin duda, Saturnino es uno de los actores más queridos por sus compañeros de profesión.


¿Siente que el cine trata suficientemente bien a los actores mayores o todavía hay una deuda pendiente? 

-No sé si hay una deuda pendiente. Yo no lo veo así. En mi caso, desde luego, no siento que nadie tenga una deuda conmigo, ni creo tenerla yo con nadie. En cuanto a los actores mayores, tampoco creo que en la vida se trate mal a las personas mayores. Al contrario, tenemos muchas facilidades. Quien realmente lo tiene más complicado es quien tiene que criar y sacar adelante a sus hijos; ahí sí hay más dificultades. Los mayores, en cambio, ya sin el cuerpo para ciertos esfuerzos, vivimos con más tranquilidad. 

"Quien lo tiene complicado es la gente que tiene que criar y sacar adelante a sus hijos"

¿Qué le sigue empujando a aceptar proyectos a sus 91 años de edad? 

-Habría que preguntárselo a todos los que tenemos esta edad. En mi caso, entre otras cosas, es porque me siento capacitado. Y, si quieres decirlo de una forma más poética, también porque, como no pude hacerlo de joven, ahora tengo el anhelo de hacerlo, como si fuera una deuda pendiente. Quiero decir, como es bien sabido, soy un actor que empezó tarde. Vengo de unos orígenes distintos a los de quien empieza a actuar con 15 o 20 años. Por eso siento que todo lo que no pude hacer en su momento lo quiero cumplir ahora, como si fuera una deuda. 

¿Cómo percibe la industria hoy en comparación con sus inicios? 

-Estoy un poco apartado. A mi edad, prefiero ir más tranquilo y guardar fuerzas para cuando hay algo que hacer. Por eso, tampoco puedo opinar con precisión sobre cómo está ahora el cine. Sí leo bastante, porque es la forma más cómoda de informarme sin moverme de casa. Veo que hay películas buenas, con mucho reconocimiento, pero en general tengo también una referencia del cine de otras épocas. Aunque cuando hablo de esto, me dicen que ahora las técnicas son distintas, así que prefiero no dar una opinión categórica. Lo que sí percibo, por lo que observo y por lo que me cuentan, es que siguen existiendo grandes películas de vez en cuando, pero en menor número. Hay muchas más que son “más de lo mismo”. Es decir, no faltan películas colosales, de las que pasan a la historia, pero sí hay una gran cantidad de cine prescindible.