“El silencio ante un abuso sexual solo beneficia a los abusadores”
Mari Gómez acaba de publicar ‘ASI, empezó todo’, un libro en el que narra en primera persona cómo el abuso sexual infantil marcó su vida desde la niñez
Hablar de abuso sexual infantil no es fácil. Muchos años de silencio, miedo y vergüenza rodean estas historias, y ponerlas en palabras requiere valor, fuerza y una voluntad de transformar el dolor en algo útil para otros.
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Mari Gómez lo hizo. Con su libro ASI, empezó todo, abre su historia más íntima para mostrar cómo el abuso puede atravesar toda la vida de una persona, pero también cómo es posible encontrar caminos de recuperación, de palabra y de comunidad.
Una víctima de abuso sexual infantil rompe su silencio para impulsar conciencia
¿Qué significa para ti romper el silencio y cómo crees que puede ayudar a otras personas que han vivido experiencias similares?
–Para mí romper el silencio significa poder liberarte de todo el dolor que surge de haber tenido una experiencia de abuso sexual en la infancia. Cada persona tiene que encontrar su manera. Ninguna es mejor que otra, todas son válidas. Romper el silencio es la manera en la que cada víctima pueda integrar lo vivido y le permita tener una buena calidad de vida. La mía ha sido a través de la escritura y de la asociación. Creo en el trabajo comunitario, en la fuerza del grupo y en el poder de las palabras. Por eso creo que leer el libro, acudir a terapia, a los grupos y poder hablar abiertamente de lo vivido ayuda a integrarlo. Crear comunidad es una buena manera de sostenernos los unos a los otros cuando las fuerzas flaquean.
¿Qué esperas que quienes lean tu libro sientan o comprendan sobre la realidad del abuso sexual infantil?
–Me encantaría que las personas que lean este libro comprendan que el abuso sexual en la infancia, especialmente el intrafamiliar, es una realidad muy muy común que puede estar detrás de muchos malestares de los menores de nuestra sociedad. En demasiadas ocasiones esta posibilidad ni siquiera está en nuestra mente. Si como adultos responsables, con menores a nuestro cuidado, no tenemos esta probabilidad como una más, estamos dejando de ver a la infancia. Yo comprendo que es una realidad muy dura y es difícil de aceptar que un adulto de nuestro entorno cercano puede dañar de esta manera a un menor, pero la realidad es que pasa, sigue pasando, y mucho. Abuelos, tíos, padres, hermanos mayores, primos, amigos íntimos de la familia aprovechan su relación con el menor para perpetuar el abuso. Esto tampoco quiere decir que tenga que ser en todos los casos pero que, por favor, no se descarte esta posibilidad. Ojalá que quien lea este libro, pueda abrir su mente y entender que esto pasa y sirva para poder ver, escuchar y creer a los menores.
¿Cómo crees que la sociedad puede apoyar mejor a las personas afectadas por el abuso sexual infantil y prevenir que ocurran más casos?
–Creo que el mayor apoyo que se puede dar a una persona afectada por el abuso sexual infantil es escucharla, creerla y no cuestionarla. Frases del estilo: “¿y por qué lo cuentas ahora?”, “Pero ya eso pasó hace muchos años, supéralo ya”, “es imposible que hiciera algo así, es un hombre maravilloso con todos” etc. Llevan a las víctimas a los peores de los escenarios. Emociones como la culpa, la vergüenza y el miedo se vuelven a conectar en el cuerpo y se desconecta la mente. Poder entender que los procesos de recuperación son lentos, y tienen muchas idas y venidas es indispensable para un buen acompañamiento a las víctimas. Para la prevención del abuso veo indispensable poder educar a nuestros menores en el empoderamiento de su cuerpo desde edades muy tempranas. Enseñarles que es un buen cuidado, enseñarles que hay límites que nadie puede traspasar y darles espacios seguros de escucha para que puedan hablar cuento antes en caso de que haya pasado.
¿Qué mensaje darías a quienes sienten miedo o vergüenza de hablar sobre lo que vivieron en la infancia?
–Lo primero que les diría sería que es normal sentirse así. Que no hay nada de malo en ellos por sentir esas emociones y que el abuso no les define. Pero, sobre todo, les diría que no fue su culpa, que no son culpables de nada de lo qué pasó. Que los únicos culpables son los abusadores. Y que se den sus tiempos, busquen sus apoyos, sus lugares seguros para hablar y por supuesto que a partir de ahora pueden contar con nosotras.