La dificultad para acceder a la vivienda por los altos precios y la escasez de alternativas viables, sobre todo para el colectivo de personas jóvenes, es un asunto importante a abordar también en Europa.

En este sentido, el modelo mixto vienés, que combina oferta pública y privada, se cita a menudo como caso de éxito en lo que a sistema de vivienda se refiere. Su principal característica se basa en que más del 50% del parque de inmuebles es de titularidad municipal, lo que permite a los arrendatarios destinar una media mensual del 35% de su sueldo a un alquiler asequible, según fuentes de la agencia EFE.

Viena, caso de éxito

El origen de este modelo se remonta a la posguerra de la Primera Guerra Mundial. Entonces, la ciudad atravesaba una crisis habitacional que impulsó al Gobierno a la construcción de miles de viviendas. En la actualidad, el consistorio vienés es titular de más de 200.000 inmuebles repartidos por toda la capital, donde viven aproximadamente dos millones de personas. De estas, aproximadamente el 60% lo hace en viviendas subvencionadas de protección pública o en cooperativas repartidas por toda la capital, evitando así los guetos y las diferencias sociales.

En 2025, Viena destinó unos 1.000 millones de euros en vivienda, tanto en la construcción de unas 5.000 nuevas unidades, como en el mantenimiento de las ya existentes. Para ello, el 1,5% de los salarios brutos de la ciudadanía se destinó a un impuesto específico para financiar este gasto. A ello se le une un ley de vivienda con un fuerte enfoque social que prohíbe la especulación inmobiliaria y los desahucios, promueve la vivienda pública y cooperativa, y regula los alquileres.

Modelo nórdico de vivienda social

El porcentaje destinado a vivienda social en Europa dista mucho entre países, con una diferencia en lo que a los estados nórdicos se refiere. Así, según datos publicados por EFE, Países Bajos representa el 30%, Dinamarca el 20% y Suecia el 19%.

En este sentido, el modelo holandés también es considerado como un ejemplo de éxito a la hora de abordar el problema del acceso a la vivienda y el incremento de la ocupación.

Según el Observatorio Gallego de la Vivienda, la legislación holandesa ha creado un marco normativo de colaboración público-privada que reutiliza y aprovecha los espacios para destinarlos a vivienda, dándoles un uso de alquiler social.

Principalmente, esto aplica a zonas portuarias en declive, espacios logísticos en desuso y antiguos almacenes reconvertidos en inmuebles dirigidos a colectivos desfavorecidos y de rentas bajas a un precio regulado.

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Por otra parte, en Dinamarca, el sistema danés destaca por su enfoque colaborativo y cooperativo. Así, el denominado modelo Andel se basa en un régimen de cooperativas de cesión de uso sin propiedad individual. Se fundamenta en el concepto de la propiedad colectiva de la vivienda, de forma que las personas cooperativistas disfrutan del derecho a habitarla de manera indefinida sin titularidad subjetiva.

Para su funcionamiento, se abona una cuota de entrada y un alquiler mensual reducido que cubran los gastos de mantenimiento. En el caso de que una persona cooperativista decida marcharse, recupera la cuota y otra pasa a habitar el inmueble.