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Del hambre de vivir al hambre de ganar de Fernanda Fleischmann

Un trastorno alimentario le hizo pasar a la atleta afincada en Vitoria por uno de los momentos más difíciles en la adolescencia y ahora gracias a la nutrición triunfa como deportista

Del hambre de vivir al hambre de ganar de Fernanda FleischmannPilar Barco

La victoria más importante de Fernanda Fleischmann comenzó lejos de cualquier meta, de cualquier podio y de cualquier línea de salida. Empezó cuando apenas tenía 14 años y tuvo que enfrentarse a un rival invisible que amenazaba con arrebatarle mucho más que su rendimiento deportivo. En aquel momento, comer había dejado de ser una necesidad para convertirse en un enemigo. Hoy, años después, aquella batalla se ha transformado en la mayor de sus fortalezas.

Nacida en Ciudad de México (3/11/2003) y afincada en Euskadi desde hace seis años, Fernanda encontró en la alimentación el camino de regreso hacia sí misma. 

La sobrina del prestigioso cocinero Enrique Fleischmann llegó a Vitoria junto a su familia cuando su padre comenzó a trabajar como contable en el proyecto gastronómico de su tío. Sin imaginarlo, aquella mudanza marcaría también el inicio de una nueva vida. Una vida en la que aprender a alimentarse significó, primero, aprender a vivir; y después, aprender a competir.

Recién graduada en Nutrición en la Universidad de Vitoria, atleta y triatleta, Fernanda ha convertido el conocimiento que un día necesitó para salir del infierno en una herramienta para alcanzar nuevos sueños deportivos. 

Su historia es la receta de una superación extraordinaria: la de una joven que logró transformar el miedo en energía, la fragilidad en fortaleza y la lucha por sobrevivir en una ambición por ganar. La historia de un viaje que va, literalmente, del hambre de vivir al hambre de ganar.

“Fue muy duro”

“Salí más fuerte”. Fernanda Fleischmann pronuncia esas tres palabras con la serenidad de quien ha atravesado una tormenta y ha conseguido llegar a la otra orilla. Hoy compagina su faceta de atleta en el LEA La Blanca y de triatleta en el Aloha, dos clubes gasteiztarras que forman parte de una vida construida desde cero tras superar uno de los capítulos más difíciles de su adolescencia.

La mexicana Fernanda Fleischmann vive en Euskadi desde 2016

No fue un camino sencillo. La presión por alcanzar unos cánones físicos imposibles, esos cuerpos extremadamente delgados que observaba a diario en el entorno del atletismo, el deporte que practicó desde niña, terminó por atraparla. 

Poco a poco comenzó a exigirse más de la cuenta. Menos comida, más control, más obsesión. Hasta que la relación con la alimentación dejó de ser saludable. “Fue muy duro”, recuerda. Detrás de esas palabras se esconden meses de sufrimiento, miedo e incertidumbre para ella y para su familia.

Pero aquella caída no fue el final de la historia. Con el apoyo de psicólogos, familiares y personas cercanas, Fernanda encontró la fuerza necesaria para salir adelante. Y no solo salió, sino que lo hizo reforzada

Porque la atleta que un día luchó contra la anorexia acabó encontrando precisamente en la nutrición el camino para reconstruirse. La atleta que transformó su lucha contra esta enfermedad en una vocación decidió estudiar aquello que había condicionado su vida para comprenderlo, dominarlo y, algún día, ayudar también a otras personas.

Fleischmann posa para este reportaje.

Lo que comenzó como una necesidad para recuperar la salud terminó convirtiéndose en una pasión. De combatir un trastorno alimentario a estudiar Nutrición y triunfar en el deporte. Fernanda aprendió que alimentar correctamente el cuerpo también significa fortalecer la mente. Y ese conocimiento no solo le permitió sanar, sino descubrir una nueva versión de sí misma, más fuerte, más consciente y más preparada para afrontar cualquier reto.

“Un antes y un después”

Los resultados hablan por sí solos. Fernanda es la primera en reconocerlo. “Hay un antes y un después. Mi rendimiento ha mejorado exponencialmente”, asegura. 

Su victoria en la Media Maratón de Vitoria de 2025, con un sobresaliente tiempo de 1h 18m 42s y seis minutos por debajo de la marca mínima exigida, le abrió las puertas del Campeonato de España. Y allí respondió a lo grande, firmando un brillante 18º puesto en la Media Maratón y una meritoria 29ª posición en la prueba de 10 kilómetros.

Un salto de calidad que confirma el crecimiento de una atleta que también domina el panorama popular vasco. Lo demuestran sus victorias consecutivas en la Subida a Estíbaliz (2025 y 2026) y en la Conquista de la Almendra (2024 y 2025), además de sus triunfos en la San Silvestre donostiarra, la carrera Martín Fiz de 5 kilómetros en 2025 y la de 10 kilómetros este pasado mayo, a los que suma una nueva victoria en la Night Run. Un palmarés que refleja cómo aquella lucha por recuperar la salud se ha transformado, paso a paso, en una historia de éxito deportivo.

Una historia de superación que tomó impulso en Donostia, donde su familia se instaló hace seis años para incorporarse al proyecto gastronómico de su tío, Enrique Fleischmann, quien en su día fue jefe de cocina en el restaurante Akelarre de Pedro Subijana y hoy dirige el prestigioso restaurante Bailara.

Tras cursar el Bachillerato en el Colegio Alemán, Fernanda dio un nuevo paso en su camino y se trasladó a Vitoria para estudiar Nutrición. Quería comprender aquello que había condicionado una etapa decisiva de su vida y acabó encontrando una vocación. 

Recién graduada, su siguiente reto pasa por especializarse en nutrición deportiva, el lugar donde convergen sus dos grandes pasiones: la alimentación y el deporte. Un ámbito en el que ya ha comprobado, en primera persona, que una correcta nutrición no solo ayuda a recuperar la salud, sino también a alcanzar el máximo rendimiento.

Y esta mexicana de nacimiento y vasca de adopción seguirá escribiendo su historia en Vitoria. Fernanda se declara una enamorada de Euskadi y le cuesta elegir una sola razón para explicar un vínculo que no ha dejado de crecer desde su llegada.

“Los paisajes, la comida, la cultura...”, enumera. Pero hay algo que la emociona especialmente. “Salir a andar en bici y contemplar estos paisajes me vuela la cabeza”, confiesa con una sonrisa.

Fernanda admira la conexión de esta tierra con la naturaleza, el arraigo de sus tradiciones y una forma de entender la vida que siente cada vez más cercana. Tanto es así que ya ha comenzado a aprender euskera, una muestra más de la integración de una joven que ha echado raíces en su nuevo hogar. Euskadi ya forma parte de ella.

De México conserva sus recuerdos, sus orígenes y el cariño por la tierra que la vio nacer. Sin embargo, cuando piensa en lo que más echa de menos, la respuesta es inmediata: “A mis abuelos”. Porque hay distancias que ni el tiempo ni los kilómetros consiguen acortar. La familia, al final, siempre tira.

La mexicana Fernanda Fleischmann vive en Euskadi desde 2016

Con Euskadi ya convertida en su hogar y la Nutrición como brújula de vida, Fernanda contempla hoy su pasado sin rencor, pero con la certeza de que cada obstáculo tuvo un propósito. Alimentando un sueño tras vencer a la anorexia, la joven atleta es el reflejo de una persona que transformó el dolor en aprendizaje, la fragilidad en fortaleza y la adversidad en una oportunidad para crecer.

Atleta, triatleta y recién graduada, encontró en la alimentación la llave para recuperar su salud y también para alcanzar su mejor versión deportiva. Porque, a veces, las mayores victorias no se celebran en una meta ni en un podio, sino en el simple hecho de volver a quererse, volver a cuidarse y volver a creer en uno mismo. Esa es, en esencia, la historia de Fernanda Fleischmann: un viaje inolvidable del hambre de vivir al hambre de ganar.