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Ion Izagirre: “Es mi última Itzulia, pero no siento melancolía”

Una amplia sonrisa conduce al de Ormaiztegi, fabuloso vencedor del G.P. Miguel Indurain, a su encuentro con la Itzulia, carrera que conquistó en 2019 y que le “emociona”

Ion Izagirre: “Es mi última Itzulia, pero no siento melancolía”Markel Fernández

A Ion Izagirre, feliz y victorioso tras lograr por tercera ocasión el G. P. Miguel Indurain el curso de su retirada, no le cambia el gesto ante la que será la Itzulia de su despedida.

Sereno, contenido, el discurso del de Ormaiztegi, solo cambia en la carretera, donde muestra su gen competitivo y cuando le puede la ternura cuando habla de su familia.

Esa emoción transita por la Itzulia, donde ha conseguido sus mejores victorias en lo emocional. Izagirre rememora para este periódico su idilio con la carrera vasca. 

¿Cuál fue su primer recuerdo de la Itzulia?

—Pues la época de cuando ganó Iban Mayo con el Euskaltel. Recuerdo la victoria de Iban Mayo, luego el Euskaltel y la época de Voigt, que cada año que venía ganaba alguna etapa también. Jens Voigt era un bestia. Me acuerdo de las etapas de Lazkao que solíamos ir a ver.

¿Usted tuvo claro desde que compitió en categorías inferiores que quería correr la Itzulia?

—Hombre, cuando eres niño sueñas en ser profesional y luego viene todo lo demás. Pero está claro que cuando estás aquí, en casa, y ves a los mejores corredores del mundo que vienen a correr aquí, quieres estar. El sueño que tenía era ser profesional y luego ya pues lo que viniese bienvenido sea. Estar en la Itzulia es algo que luego disfrutas.

Y una vez que fue profesional, ¿cuál fue el impacto o el recuerdo de la primera vez que corrió la Itzulia?

—Estar en el Euskaltel. Siendo el equipo de casa, pues lo preparaba bien. Teníamos una buena plantilla. Además tenías esa sensación de estar arropado por los tuyos y conocer todas las carreteras en las que habías corrido de joven. Era bonito. Además tienes a todos los conocidos y familiares que se vuelcan alrededor. Es una carrera muy familiar en ese aspecto. Pero por otra parte también, en esa época de Euskaltel que pude empezar a correr la Itzulia, era bonito, ¿no? Era todo más bonito que ahora. Aparte de que uno empezaba, correr la carrera de casa, con el equipo de casa, con esa afición...

Supongo que era todo muy especial. 

—Sí. Al final estás en casa y la gente lo vivía así, con el equipo de casa, como en el fútbol. Cuando un equipo juega en casa es algo diferente. Se ve ambiente que te anima, que te arropa. Además corres por las carreteras que has corrido desde joven y vuelves a correr en profesionales y con los mejores corredores del mundo. Es algo bonito.

A usted siempre le ha gustado mucho la Itzulia.

—Bueno, se ha adecuado bastante bien a mis características y quizá mentalmente también influye. Cuando afrontas una carrera así, con esa ilusión de correr en casa, de conocer los recorridos, de estar cerca de la gente que quieres, sientes esa carrera como tuya. Probablemente influya. Es una carrera que siempre me ha ido bien y la preparo con cariño. Tengo buenas recuerdos. Esa moral extra ayuda a la hora de encarar la carrera.

¿Se nota usted distinto en la Itzulia respecto a otras pruebas?

—Yo creo que sí. Es un factor psicológico y mental. El prepararte y el saber que, bueno, si has hecho bien las cosas y los deberes y estás bien, puedes rendir. Si físicamente estás bien, viendo un poco los recorridos que suele haber en la Itzulia, pues ya sabes que vas a estar ahí. Eso influye para bien. El correr en casa y conocer los recorridos siempre es bueno. Empezar esa carrera con esa mentalidad positiva influye para bien.

Usted ha ganado dos etapas en el Tour, una en el Giro y otra en la Vuelta además de otras carreras. También ha ganado etapas en la Itzulia. ¿Son especiales?

—Sí. Porque cuando vas al extranjero no tienes a los tuyos cerca. Pero cuando estás en casa, siempre hay alguien. Están los familiares, amigos, conocidos y mis hijas, en mi caso, están ahí. Poder ganar una etapa y poder abrazar y celebrar un triunfo al momento con los tuyos es una cosa que no puedes hacer, no sé, en otros países que puedes ganar. En Italia o Francia puedes ganar y celebrar con los compañeros y auxiliares, pero poder ganar en casa y poder abrazar, dar un beso a tu ama, a tu aita, no sé, a mi mujer, a las hijas, a la cuadrilla, es distinto. Me acuerdo cuando gané en Arrate. Ahí estaban los de la cuadrilla corriendo para felicitarme. Eso no lo puedes hacer en el extranjero. Eso solo puede pasar en casa. Esas victorias y celebraciones te dejan un poso muy bueno.

Más emocional.

—Así es. Porque, bueno, estas victorias no son muy abundantes en mi caso. Quizá en Pogacar, que celebra muchas veces es distinto, pero, en mi caso, como no han sido tantas, cuando puedes estar al lado de los tuyos a la hora de celebrarlo es algo muy emocional y muy bonito.

Tiene muchas victorias de calidad. Ganar en las tres Grandes es muy complicado. También hacerlo en la Itzulia.

—Sí, ganar en todos los sitios es difícil. No hay carrera pequeña. Y sí, lo dicho, según con quién lo compares, está claro que ganar es difícil. Por suerte he podido levantar los brazos alguna que otra vez y la verdad es que no me quejo.

¿Es una carrera la Itzulia que le generaba presión?

—Cuando hice el primer podio con el Movistar, en Aia, para mí fue una sorpresa, una gran ilusión. Fue como ganar, casi. Estar en el podio con Purito no lo hubiera esperado, la verdad. Pero bueno, van pasando los años y vas teniendo oportunidades. Te sigues viendo delante o en el podio y no es una obsesión, pero sí un objetivo. Era un objetivo realista. Sabía que la victoria podía llegar en un momento dado y por suerte así fue.

En 2019 alcanza la victoria, que es en el último día, dando el vuelco a la general. Aquel fue un triunfo muy del equipo.

—Sí, esa victoria fue luchada por todo el equipo. Está claro que el equipo influyó mucho. Tuvimos un equipo espectacular con Fuglsang, con Omar, con Pello, con mi hermano, con Luisle. Estábamos en un equipazo y el último día daba para reventar la carrera. Yo creo que jugamos a ganar y nos salió perfecto.

Existen varias fotos de aquel día, de aquellas famosas celebraciones, de los gritos y los abrazos que se dan. Eso es la Itzulia para usted, ¿no? Esa celebración la condensa.

—Sí, al final ganando así, que fue el último día, dándole la vuelta a la general y en el último momento fue algo muy especial. Buchmann, que era el líder, iba por detrás. Fue algo muy emocionante. Poder llegar a la meta y ver que ganamos la general con mi hermano, Luisle... Allí estaban todos los familiares y los amigos. Subí al podido con mi hija y para mí eso fue muy especial y emocionante.

¿Cuál es su momento de la Itzulia, es ese o tiene otro aunque igual no sea tan espectacular?

—No sé, está claro que ese es uno de ellos. Por lo que significa, por cómo lo logramos en equipo: trabajando todos, luchando y volcando la general el último día y luego poder celebrarlo todos ahí juntos, con la familia, amigos y tal. Y ganar con Astana y estando el hermano, eso lo hizo todavía más especial. Imagínate. Hemos entrenado cada día juntos y, bueno, ganar una carrera de esa categoría el último día cómo ganamos volcando la general con un final tan emocionante... Ese abrazo que nos dimos, al final, pues es de verdad. En el ciclismo al final vives muchos momentos y muchos de esos son momentos malos. He vivido más malos momentos que buenos, así que al final, los buenos, los pocos buenos que tenemos, pues hay que aprovecharlos y celebrarlos. Y luego recuerdo la victoria de Arrate, que fue un poco rara. La caída que tuve subiendo, que tuve que remontar, atrapar a los delante y ganar en Arrate es un gran recuerdo.

Arrate es un subida icónica para el ciclismo vasco.

—Al final siempre ha sido una subida un poco mítica para los ciclistas vascos, tanto Arrate como Eibar. Ganar cómo gané, remontando esa caída y llegar victorioso fue muy especial. Tengo en la memoria cómo llegaba la cuadrilla entre los árboles para felicitarme. Fue algo muy bonito. 

También tiene otra victoria. Esta en Hondarribia, cuando derrotó a Pello Bilbao en un esprint agónico.

—Yo pensaba que había ganado él. No tuve ni tiempo de mirar quién había pasado primero. De hecho pensaba que había ganado él. Fue una gran alegría, aunque me dio pena por Pello.

¿Cómo enfoca esta Itzulia que viene?

—Pues con ganas. Es mi última Itzulia, pero no siento melancolía. La miro de la misma manera, con ganas de hacerlo bien. He vuelto a tener buenas piernas y estoy bien en mi condición física, que bueno, suele estar bien en estas fechas, y eso me da moral. Está claro que habrá muchos y buenos contrincantes. Intentaremos hacer una buena carrera en general tanto yo como Alex Aranburu, que ha demostrado también que es un corredor para este tipo de carreras.

Ion Izagirre, victorioso en el G.P. Miguel Indurain en la antesala de la Itzulia.

¿Tiene un objetivo concreto?

—Tampoco me pongo objetivos de podio, de top 5 o de top 10. Yo quiero hacerlo bien y que no haya contratiempos ni caídas. El año pasado me pegué el trompazo en el G. P. Indurain. Tuve la costilla fisurada y no pude dar el 100% de mí. Tanto trabajo que has hecho preparando la Itzulia y luego una caída, un mal día, te puede llevar todo al traste. Solo deseo que no pase ninguna de esas cosas. Si sale todo bien, pues esperemos estar delante y que disfrute la afición. Yo también espero disfrutar con esta última Itzulia.

Ha comenzado la campaña de modo sobresaliente. Venció el G.P. Miguel Indurain con una exhibición. ¿No sopesa cambiar de decisión y seguir un año más?

—Muchos me lo dicen en el equipo, que tengo que seguir otro año más. Y tal y cual. Pero la verdad es que lo tengo decidido. Siempre hay que poner un punto final, ¿no? O un punto y aparte, no sé cómo decirlo. La verdad es que prefiero terminar con un buen sabor de boca mi vida deportiva. Hablando vulgarmente, no quiero acabar arrastrándome y no disfrutando de la bici. Las crías son pequeñas pero crecen muy rápido. Y el tiempo que pasa, no vuelve. Lo que más echo en falta y lo que más quiero recuperar ahora mismo es estar con ellas, con mi mujer y mis hijas. Y yo creo que tanto ellas como yo, todos nos lo merecemos. Agradeceremos en el futuro estar juntos todos.

¿Se plantea seguir vinculado al ciclismo de algún modo o ha acabado gastado? 

—Gastado en el aspecto de que es muy exigente y cada año lo es más. Estar con la familia es lo que más echo en falta ahora mismo. Porque el tiempo pasa, las niñas crecen y te pierdes muchas cosas. Es verdad que hago lo que me ha gustado siempre que es el ciclismo y vivo de ello. Esta fase se está acabando y empezará otra fase. Y si me involucro otra vez con algún equipo, como director, como cualquier otra cosa, pues volvería otra vez a estar fuera de casa muchos días. Es una cosa que yo la verdad es que no busco ahora mismo. Y no lo veo. Eso no.

Pero no dejará de andar en bici.

—Si te gusta andar... La bici la voy a usar más y no la voy aparcar en el garaje. Eso no lo haré. He andado en bici toda la vida y la disfrutaré de otra forma. Pero las exigencias que tiene ahora mismo el mundo del ciclismo, el mundo del profesionalismo, que te obliga a estar cada día más días fuera de casa, eso no lo quiero. Tanto por concentraciones o por carreras tienes que ir a mil sitios. Estás muchos días fuera de casa. La verdad es que ahora mismo no lo quiero. Quiero justo lo contrario, estar en casa, con los míos. 

Más allá de las memorias deportivas del Tour, del Giro o de la Itzulia, pero en lo emocional, sí habrá notado mucho el cariño que te tiene la gente en la carretera, ¿no?

—Sí, el aficionado vasco yo creo que es respetuoso y anima a todo el mundo por igual. Por esa parte yo estoy muy agradecido. Siempre he notado ese cariño y les agradecemos al final correr en casa y, bueno, sentirte querido por los tuyos también es una cosa bonita.

Será su última Itzulia, seguro que la organización le homenajea debidamente. Es un ciclista duro, de poca queja, pero cerrar esa idilio con la Itzulia le tocará la fibra.

—Sí, sí, yo soy muy emotivo. La verdad es que en cualquier momento puedo llorar. De hecho en cualquier película empiezo a llorar, así que imagínate. Puede ser que llore en mi última Itzulia.