Cuestión de pelotas

Forjado a fuego

Aitor Markaida / Manista

07.01.2022 | 00:34
Aitor Markaida golpea una pelota durante un partido. Foto: DNA

En Mega, canal masculino por excelencia, así le llaman, que yo prefiero GOL TV, cuando no hablan del Real o del Barça, o Teledeporte por lo obvio, y Neox, porque suelen dar buenas películas y por sus series, sobre todo Modern Family, donde sale la Vergara, y esa del doctor Sheldon Cooper y demás bichos raros, personajes de The Big Bang Theory, en el canal ese tan varonil, digo, en Forjado a Fuego sale un tipo de ascendencia filipina, un americano de rasgos orientales, Doug Marcaida, especialista en combates cuerpo a cuerpo con armas blancas –"este arma mata" repite todo el rato–; en cuanto le veo me acuerdo de Aitor, qué se yo por qué. "Con "ka", Ramón, es con "ka", Markaida", me han insistido cada día fuentes próximas; el chaval lleva un par de años de trámite en trámite con el registro para que esa letra aparezca en los documentos oficiales.

Es Aitor Markaida Lauzirika, pelotari de Txukun Lakua de 21 años, natural de Logroño, nacido en diciembre del año 2.000, vecino de Oion desde los 5. Toda una vida deportiva por delante pero instalado entre los buenos. Es hoy zaguero de referencia. "Está entre los mejores, el último año se ha afianzado y ha dado un salto de calidad evidente... pero le falta regularidad y confianza", opina Mikel Rafael, quien destaca "la excelente derecha, el gran golpe con esa mano" de Aitor. "Debo mejorar en el juego con la zurda y sufrir un poco más durante el peloteo, cuando me dominan", reconoce. Lo tiene todo para ser un gran pelotari: pasión, juego, físico y muchos años para hacerse. Toda una vida por delante para forjarse una carrera. "De los de mi generación quedamos Eneko González y yo, y yo he sido, desde crío, de los del grupo B. Estaban los buenos y luego los demás y yo", reconoce. "El año pasado quizá di un paso adelante... pero éste, por los estudios –ha comenzado Diseño Gráfico en la Escuela Superior de Arte de Betoño– quizá me haya estancado un poco".

Pelotari desde que entrara en la ikastola de Oion. Se enroló casi desde el principio para la causa junto a Alba Crespo y un chaval de Moreda, Julen Martínez. La madre, Raquel, no lo tenía muy claro; "o ciclista o pelotari". Fueron los únicos deportes que le atrajeron de chaval. Pudo la pelota; la pequeña Orbea quedó a un lado enseguida. Teberio y Calleja, otros dos críos algo mayores formaban el cuadro que Julio Bernedo preparaba en el pueblo. Al padre de Julio le llamaban Macite, por el personaje aquel de los péplum de romanos de los años 60 y 70. Julio heredó el apodo y, con el tiempo, hasta los nietos lo llevan con orgullo. En las pelis era Maciste y Aitor lo recuerda como Macipe. "Aprendí mucho de él. Siempre confió en mí. Tuvimos una relación muy especial. Gracias a él soy pelotari", dice agradecido Aitor. Más tarde llegaría Gorka González. "¡Qué te voy a decir de Gorka!", suelta espontáneo, "la de horas, broncas y esfuerzo que hemos compartido". El técnico de Lakua –"nadie mejor que él", reconoce el chaval– destaca "la auto exigencia" del alumno y pondera "su compañerismo". De sus cualidades señala "la gran derecha y un físico espectacular para jugar a pelota". El juego de Markaida es solidario, "cubre muy bien al compañero y se mueve por la cancha con facilidad", es capaz de jugar desde atrás, "es pelotari", pero tiene un par de asignaturas pendientes: "mejorar el juego con la izquierda, controlar las ganas y confiar un poco más en sí mismo".

La etapa escolar la recuerda "muy ajetreada". Mil batallas, mañanas enteras en el frontón. Jon Herrarte y Eneko González fueron rivales y Josu Tudelilla y Urtzi Mendibil, compañeros. Entre otros muchos. Viajes de pueblo en pueblo, de frontón en frontón, en la auto caravana familiar, interminables horas de carretera con Raquel y José Antonio, que "se han dejado el tiempo y los dineros siguiéndome, a quienes tanto debo agradecer por su implicación, preocupación y entusiasmo"... Los padres han ido cogiendo afición "mientras me seguían a mí y a mis compañeros, priorizando el pasarlo bien por encima de todo y motivándome cuando lo necesitaba". Siempre juntos. Algunos viajes, como aquel con Aritz Otxoa, un viernes para jugar en Durango, partido suspendido y sin parar a Donestebe para jugar al día siguiente y, otro partido suspendido; todo un fin de semana en marcha para nada, "lo bien que lo pasamos a pesar de todo".

Junto a Otxoa ganó su primera txapela en el Torneo Udaberri, y otra más en Barañain. "Se ha ido centrando, no se rinde y sabe conservar fría la cabeza", dice Aritz sobre Aitor. Con Mikel Rafael se impuso en la final del Virgen Blanca y, con Iribarren delante, sumó uno de los tres puntos para el triunfo de Rioja Alavesa en el Interpueblos, después de 40 años; "esa es mi txapela más importante". En Amorebieta este verano, al lado de Aitor Etxebarria, vencía en la final del partido previo a la despedida de Ibai Zabala, tras vencer por 22-20 ante Ormaetxe y Morgaetxebarria. "Quizá mi mejor partido", reconoce. En cuanto al peor, no hace falta ir muy lejos. Semifinal del campeonato alavés de este año por detrás de David Uribe. Derrota frente a Bengoa y Cecilio y "las peores sensaciones, una decepción enorme". Un año antes, también con David, no pasaba de semifinales en el parejas del provincial contra Iribarren y Artola. "Aitor es trabajador y tiene mucho golpe. Cada día es más seguro. Es uno de los mejores, quizá el mejor", dice Uribe.

El conductor de la casa con ruedas, José Antonio, el padre, es el primer admirador de su hijo. Le tocó trabajar en Logroño, "por eso nació Aitor en la capital riojana", dice. Se aficionó a la pelota por el hijo –su primer deporte había sedo el baloncesto– y hoy sigue a todos los pelotaris. Al hijo le ve "noblote, de buen corazón, un poco impulsivo... pero buen compañero", y me cuenta cuando a Aitor le tocó hacer la comunión: "no quería ir de marinero como yo. Si tengo que ir disfrazado voy de pelotari, nos dijo".

Fan de Irujo "por su poder", de Xala "por su elegancia", de Barriola "por cómo era en la cancha y lo fácil que jugaba" y, por supuesto, de Zabaleta... "una obviedad". De los de casa se queda con Miguel Pérez, "jugaba fácil y bonito", con Mikel Rafael "a quien veía de pequeño, por quien no pasa el tiempo", y con Alvarado, "me gustaba un montón".

Poco a poco, aprendiendo de todos, Markaida ha ido forjando un camino que, a sus 21 años, le queda recorrido para convertirse quizá en un zaguero de referencia, ¿por qué no en el mejor? Dependerá de un buen temple. Al tiempo.

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