“La inquietud no debe parar nunca, porque eso es lo que te hace seguir creciendo"
Del madrileño Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma al vitoriano José Uruñuela, Marisa Martínez está compartiendo sus enseñanzas en Vitoria
Es complicado resumir en pocas líneas la amplia trayectoria que como bailarina y profesora viene desarrollando en las últimas décadas Marisa Martínez, una experiencia que, estos días, está compartiendo en la capital alavesa con el alumnado del Conservatorio de Danza José Uruñuela, un trabajo intenso y muy productivo.
¿Qué dos ideas le gustaría dejar en el alumnado tras su marcha?
–En estos cursos se concentra mucho trabajo en pocos días con gente que no conoces. Lo importante para mí es transmitir los fundamentos del trabajo, es decir, que tengan un rigor y una disciplina, así como la energía y la ilusión con lo que hay que atacar el trabajo de cada día. Hay que venir dispuesto a entregar, o sea, ser generoso en el trabajo. Desde mi parte, trato de que, con mi forma de dar la clase y la atención que estoy dando todo el rato, reciban que tiene que haber esa misma entrega por parte del alumnado.
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Es encontrarse, como decía, con gente que no conoce y de cuya formación se tiene que fiar. ¿Cómo es el primer contacto?
–En principio, planteo una clase sabiendo los niveles, pero es verdad que según voy viendo cómo van respondiendo, voy adaptando un poquito. También suelo tirar de ellos y ellas para que digan: hay que espabilar. No intento bajar el nivel ni adecuarlo, sino al revés, que sea un momento de reto para ellos. En este caso, he visto que están muy receptivos. Han venido con ganas, les he dicho que son muy valientes, porque además están de vacaciones en teoría, y en vez de estar en la piscina, están aquí. Y el primer día a estas niñas, sobre todo mayores, les dije: sois un ejemplo para los jóvenes. Ahora ellos terminarían y a su casa, y en vez de eso están aquí defendiendo su vocación, luchando con este calor, con ilusión. Si la recepción por parte de ellos es buena, por mí es muy fácil, aunque no las conozca.
Entre San Millán y Álava
Mundo profesional
Son chicas y chicos que piensan en dedicarse profesionalmente a la danza, que no solo es bailar. Cuando le piden consejo...
–Cuando me piden consejo, siempre pienso en dejarles que decidan ellos solos porque, a veces, influir en una decisión tan importante de futuro tiene su aquel. Quiero decir, todo el mundo tiene derecho a equivocarse, pero es importante que sea una decisión propia. Trato con mi consejo que ellos luego lo estudien, lo hablen también con la familia, sopesen todas las opciones que tengan, y tengan siempre la tranquilidad de que cualquier decisión que tomen es reversible. Si algo no funciona, o aquí no estoy bien, puedo hacer otra cosa. Además, la danza tiene muchos campos y muchos caminos, y cuando uno tiene vocación, en principio piensa, quiero bailar. Pero luego está la pedagogía, que es una vocación también, una absoluta. Hay gente que ha hecho una carrera de pedagoga, y ha sido feliz, y se nota que está acompañando a la gente joven en esa vocación. Y luego ya podemos hablar de coreografía, incluso iluminación... te abre muchos campos.
"El bailarín es una persona no reconocida en muchas cosas: derechos, sueldos... Sigue siendo vocacional"
Aunque no son las profesiones culturales un ejemplo de estabilidad, buena remuneración...
–Lo de por amor al arte sigue existiendo en España, incluso en el mundo. Quiero decir, el bailarín es una persona no reconocida en muchas cosas: derechos, sueldos... Sigue siendo vocacional. Ahora es difícil, porque es verdad que vivimos en una sociedad en la que la inmediatez manda. Todo tiene que ser fácil, rápido y hay que ganar mucho dinero. En la danza nada es fácil, al revés. Hay que luchar muchísimo y hay que estar dispuesto a eso.
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Aprendizajes
Ellas y ellos aprenden en estas clases magistrales. ¿Qué obtiene usted?
–A mí me encanta esto. Y me encanta trabajar con gente que no está acostumbrada a mí, por así decirlo. Y me encanta compartir la danza, porque en este caso aquí hay un feedback. Yo también aprendo con ellos. Mientras se está enseñando se aprende.
¿A estas alturas todavía?
–Toda la vida se sigue aprendiendo y te sigues planteando cosas, y tienes inquietudes. Igual que bailar, estás toda la vida mejorando. Un maestro exactamente igual. La inquietud no debe parar nunca, porque eso es lo que te hace seguir creciendo y seguir construyendo. La danza ha evolucionado y el maestro tiene que evolucionar para dirigir al alumno en otra forma. Ahora hay que moverse, hay que ser muy versátil, y en la propia clase de danza clásica se puede desarrollar esa versatilidad con cualidades de movimiento.
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Le está tocando unos días de mucho calor en Vitoria para dar clase. ¿Influye?
–No es lo ideal, porque estamos pasando mucho calor. Pero también es verdad que se está mejor aquí que ahí fuera (risas). Ahora, si tengo que elegir entre frío y calor, prefiero calor. Enseguida estás sudando y los músculos están mejor que con frío. Si das una clase helado, se te agarrotan los pies y se pasa fatal. Ojalá tuviéramos 10 grados menos, pero bueno, esto es otra demostración de que la ilusión que tienen quienes están aquí. Están con los abanicos, beben agua y tiramos para adelante. Es más duro, claro, que en una temperatura idónea, pero bueno, yo prefiero calor que frío.
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