“Encantada” de “ser representante de distintos tipos de maternidades”, Toni Acosta (San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, 1972) celebra que cada vez haya más historias contadas desde puntos de vista de mujeres en cine, teatro y televisión. El monólogo que trae a Vitoria esta semana –con dos sesiones que ya tienen todo agotado– tiene comedia y drama, como la vida misma.
¿Cómo se siente tan metida en distintos papeles de madre, entre la saga de películas de ‘Padre no hay más que uno,‘ la serie ‘Señoras del (h)AMPA’ y esta obra de teatro?
–Me gusta, la verdad. Yo soy una disfrutona. Hacer unas madres tan diferentes... Ya me lo tomo un poco a risa, digo soy la madre de España, pero lo disfruto muchísimo. Me encanta ser representante de muchos tipos de maternidades, es que no hay una madre igual a otra.
En este caso aborda el síndrome del nido vacío en un monólogo que tiene comedia y drama. Imagino que transita por emociones y sentimientos muy diversos, ¿cuál ha sido el mayor reto?
–Mira, ahora tengo el viaje tan incorporado que no me doy cuenta de las dificultades que surgieron al principio.Yo creo que el reto grande y verdadero fue que Juan Carlos Rubio, mi director y dramaturgo, y yo no queríamos quedarnos en una cosa facilona, no queríamos hablar del nido vacío de manera superficial. El reto ha sido darle a una comedia, porque la gente se lo va a pasar muy muy bien, toques muy verdaderos. Es que el nido vacío habla de los cuidados, y cuando la madre, y el padre, que a mí me encanta rescatar a estos padres que tenemos ahora muy corresponsables...; cuando esa madre y ese padre dejan de controlar ellos los cuidados aparece un vacío tremendo, tremendo. La dificultad fue que dentro de la comedia aparecieran los sentimientos verdaderos de ese vacío.
Reconocer ese drama y hablar de él.
–Sí. Es que a mí me gusta mucho utilizar la comedia para hablar de cosas serias. Y cuando se hablaba del nido vacío, bueno, en los montajes que yo veía todo estaba como muy intenso, veía una madre un poco exageradamente loca... y yo pensaba: no, no, no, pero si nos pasa a todas. Lo que yo quería decir es que a mí, que iba de moderna, que tengo una vida maravillosa y trabajo, y tengo una vida socialmente muy llena, me golpeó el nido vacío. Que ahora lo tengo lleno otra vez porque han vuelto (ríe). Pero quiero decir que fue una etapa donde pensé: vaya, para esto hay que prepararse. Y lo quise compartir, de una manera muy positiva, muy alegre.
¿Cree que igual las mujeres nos sentimos obligadas a ver ese cambio como positivo, como una liberación, y queremos ignorar lo duro que es?
–Ay sí, pero eso es culpa de Instagram ¿sabes? (ríe) Instagram, que hace que todo sea precioso todos los días. Y últimamente hay una frase que me gusta mucho, y es que en la vida hay desiertos que una tiene que atravesar, que están ahí, forman parte de la experiencia vital y tenemos que atravesar de la mejor forma que podamos. Y no es: voy al desierto, qué alegría. No. Voy a atravesar este desierto a ver cómo me modifica y cómo aparezco al otro lado.
Prepararse para el nido vacío será difícil, hasta que no llega no se sabrá cómo se va a vivir.
–Totalmente. Me pasa igual con la maternidad, que una se pone como súper teórica, de decir qué tipo de madre va a ser, y querida, hasta que no eres madres no vas a ver qué tipo de madre eres, si eres más protectora, si eres más liberal en el sentido de dejarles más autónomos... Pues el nido vacío igual. Las hay que se sienten más liberadas, y las hay que nos sentimos que de verdad nos falta algo. El personaje en la función dice: yo es que siento un agujero en el estómago. Hemos pensado la situación del personaje de Eva María, que solo tiene un hijo, no tiene pareja, de manera que en el monólogo esa soledad se vea más cómica. Es como llevarlo al límite para que de verdad ella sienta que el hijo la ha abandonado, cuando el hijo lo que ha hecho es ley de vida, irse a estudiar fuera.
¿Siente desde el escenario que el público empatiza? ¿Y ve hombres entre el público? También los padres sufrirán el nido vacío.
–Claro, los hay. Esa ha sido la gran sorpresa y lo más bonito de este monólogo. Que ha conectado con hijos, hijas, madres, padres, abuelas... Empezó como algo muy pequeño y muy íntimo, pero Juan Carlos Rubio dio con la tecla, apareció con una idea muy interesante que conecta con la gente que no es padre ni madre, que es: ¿cómo nos fuimos nosotros del nido? Porque todos y todas somos hijos e hijas. Y nos ponemos muy valientes hablando de los hijos que se van, pero que hoy en día tenemos whattsapp, videollamada, las ubicaciones, estamos en contacto permanente, pero cuando yo me fui del nido apenas llamaba a mi madre una vez a la semana. Entonces ah el monólogo adquirió una dimensión universal, y llegó a todo el público. Me hace mucha gracia porque hay hombres que me dicen: no, yo he venido por mi mujer; yo he venido porque mi mujer quería venir a verte, pero oye, que me ha gustado mucho. (Ríe) A mí mno me importa por lo que vengan, me importa que vengan. Que vengan y luego salgan con su propia reflexión me parece conmovedor.
Está bien que el cine, la televisión o el teatro pongan el foco en las aventuras que conlleva la maternidad.
–Sí, es real el cambio, hay más mujeres guionistas, directoras, dramaturgas. Se están abordando los asuntos y los temas desde puntos de vista femeninos, y que vengan más. Hay un cambio muy interesante y eso no quiere decir que se excluya a los hombres ni muchísimo menos, sino que por fin estamos contando nuestros puntos de vista. Y no nos estamos queriendo dirigir a un público femenino, ni muchísimo menos. Estamos contando historias a nuestra manera, y lo que mola verdaderamente es que las escuchen hombres y mujeres.