El espacio KulturLab de la calle Elexalde de Laudio va a retomar las exposiciones con las que está dando visibilidad a la obra de artistas locales, con la inauguración –a las 19.30 horas de este jueves– de la muestra Leku bat izan-Sé un lugar, de la pintora, investigadora, doctora y docente en la Facultad de Bellas Artes del País Vasco, Izaskun Alonso Saratxaga (Laudio, 1971).

La exposición –que estará abierta al público hasta el 31 de mayo, los jueves y sábados de 12.00 a 14.00 y de 18.30 a 20.30 horas, así como los domingos solo por las mañanas y los viernes, por las tardes– muestra un deseo de desbordar y ocupar, para el que Alonso Saratxaga realiza un ejercicio que da lugar a una instalación que ocupa paredes y parte del suelo, a partir de una acumulación de trabajos que genera una nueva composición.

“Son trabajos realizados durante los últimos diez años, pintura sobre lienzo, papel pintado, moqueta, linóleo, algodón o madera, que juntos hacen apología de lo híbrido y lo procesual. Se crean nuevas piezas que surgen en el intersticio. Piezas que buscan una relación con el espacio y que coquetean con el diseño”, apuntan desde Kulturzaleak, la asociación gestora del espacio, cuyo fin último es transformar el entorno del parque de Lamuza en un “Parque de las Culturas Creativas”, según expresan.

Fusión de cuerpo y mente

No en vano, Alonso Saratxaga entiende la pintura como un medio de expresión donde cuerpo y mente se funden. Su pintura se construye desde la tensión: entre la imagen y su deconstrucción, entre el gesto y el cálculo.

En este sentido, su obra no busca una representación estable, sino que se mueve en un territorio de mutación constante, donde las formas se duplican, se fragmentan y se recomponen como si respondieran a un pensamiento en proceso. “Pinta desde la duda, desde la repetición, haciendo del error y del desvío un método de trabajo”, añaden desde Kulturzaleak.

Así, en sus cuadros conviven referencias a lo orgánico y a lo geométrico y, a veces, se cuela lo figurativo. El color actúa como una fuerza estructural y emocional, capaz de activar choques, ritmos y desequilibrios. De esta forma, convierte el lienzo en un espacio de pensamiento, donde la pintura es menos un resultado que un proceso abierto. “Pinta como quien registra un pulso: capas, líneas y ritmos que se suceden, dejando que el cuadro acumule memoria. La repetición es aquí método para hacer visible lo invisible, para traducir estados emocionales y vitales en estructura pictórica”, aclaran.

En su trabajo también reflexiona sobre la percepción del lugar a través de la pintura, los límites físicos del cuadro y su progresiva expansión en el espacio. Explora modos de proyectar y entender la pintura y sus relaciones con el contexto, los gestos que la realizan o la percepción del espectador, incidiendo en la concepción de la pintura como cosa mental a la vez que física y presencial. “La pintura expandida es un concepto contemporáneo que trasciende los límites tradicionales del lienzo y el bastidor, ocupando el espacio tridimensional y dialogando con la arquitectura, la instalación o lo digital. Utilizando nuevos materiales, soportes y tecnologías, transforma el espacio de exhibición en parte activa de la obra”, apostillan.