Desde el pasado mes de marzo, se está rodando en diferentes localizaciones del País Vasco la película Romance de la luna negra, una producción que hace nada también se ha estado haciendo realidad en tierras alavesas. En concreto, ha sido Amurrio la localidad que ha acogido la realización de parte del proceso de grabación de este filme dirigido por el realizador y guionista argentino Pablo César.
Luz Fernández de Castillo –pintora, escritora, editora y galerista de larga trayectoria en tierras argentinas que, en realidad, inició su trayectoria como ante las cámaras hace un par de años, también de la mano del mismo director– protagoniza una historia que, en el caso del rodaje en el territorio alavés, ha contado con la colaboración y la experiencia de la Vitoria-Gasteiz Film Office –dependiente del Ayuntamiento de la capital alavesa– para poder encontrar todo lo necesario a su paso por Amurrio.
Los también intérpretes argentinos Lisandro Carret y Alejandro Botto son parte de un reparto que se completa con diferentes intérpretes y figurantes de Euskal Herria. Todo ello para relatar una película en torno a la memoria, el amor y lo intangible, sin perder de vista cierto halo de misterio.
Tiempo de revelaciones
“Con Romance de la luna negra quiero explorar la frontera entre la realidad y lo intangible. Me interesa cómo la memoria, el amor y la ausencia se entrelazan en la vejez, no como un final, sino como un tiempo de revelaciones”, explica el creador nacido en Buenos Aires sobre este filme producido por Duende Etxea Cine.
“No busco dar respuestas cerradas, sino abrir preguntas. En este proyecto, los grandes pensadores, escritores y poetas como José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno y Gustavo Adolfo Bécquer aparecen no como explicaciones, sino como reflejos de la mente y el alma” de la protagonista. “La película invita al espectador a habitar la ambigüedad, a reconocerse en los silencios y en la niebla, y a descubrir que lo esencial quizá siempre estuvo oculto, esperando ser mirado”. Todo ello en una película que hablar de Clara, una mujer de 75 años que vive sola en el segundo piso de un caserío. Su rutina se ve interrumpida por la irrupción de un vecino misterioso.