“Ya que estamos aquí un ratito y tenemos un poquito de vida, vamos a disfrutarla”
Dentro de la gira de ‘50town’, Rubén Pozo, en compañía de Los Chicos de la Curva , se adueña este sábado de Hell Dorado
Desde que 50town vio la luz, su agenda de conciertos tiene pocos huecos libres. Otra vez a la carretera. Rubén Pozo sabe bien lo que es disfrutar del directo. Lo hace en su carrera en solitario como lo hizo en Buenas Noches Rose y Pereza. Desde 2019, el artista no volvía a Gasteiz. Este sábado lo hace acompañado por Los Chicos de la Curva, con quienes actuará en Hell Dorado, por donde también pasarán Manu Gastado & The Kosmik Twaregs. Las puertas se abrirán a las 21.00 hora en el particular infierno de la calle Venta de la Estrella, donde todavía queda alguna entrada disponible para acudir a la cita.
Lleva ya lo suyo en esto. Ahora toca de nuevo gira, carretera, estar en una furgoneta mucho rato, donde no siempre huele bien...
–Meterme en una furgoneta con amigos e ir a tocar hasta donde sea es lo que más me gusta del mundo. Y bueno, Los Chicos de la Curva son gente limpia, se duchan cada mañana y la furgoneta no huele a pies (risas). Estamos viviendo una gira de ensueño, lo estamos pasando muy bien, estamos sonando increíble, y el público está siendo sensacional, la verdad. Lo digo sinceramente. La gente viene a escucharnos y veo poco móvil.
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Público entre el que habrá quien le lleve siguiendo toda la vida pero también quien ni existía cuando usted empezó en esto.
–Es una mezcla un poco curiosa. Creía que la gente más joven no iba a venir a los conciertos de presentación de un disco que se llama 50town porque he cumplido 50 años y he llegado a la ciudad de los cincuentones. Pero la verdad es que está viniendo. De hecho, viene gente de todas las edades que convive muy bien. Creo que ofrecemos un concierto de rock and roll bien majo, que igual escasea un poco en estos tiempos. Tal vez hay un público que lo estaba echando de menos, o es la conclusión que yo saco.
En los garitos
Llegará el verano y con el los festivales y los conciertos al aire libre, pero está inmerso ahora en una larga gira por salas como Hell Dorado, donde el rock and roll tiene su verdadero sitio.
–Bueno, este es un estilo que nace en un sitio pequeño, mal iluminado, y con mala ventilación, como es The Cavern, y ese es su hábitat natural. Luego pasó el tiempo, se crearon las estrellas del rock, o del pop, o lo que sea, y se empezó a hacer en estadios y esas cosas. Pero donde esto suena bien y donde se aprecian las experiencias es en los garitos. Por eso estamos haciendo una gira de garitos, porque los cuatro que somos, tenemos mucha carretera y nos gusta esto. Tanto Loza (batería) como Charly Bastard (guitarra) y Ángel Herranz (bajo) compartimos esa idea. Sí, ya llegará el verano, con recintos abiertos y cosas así, pero nadie nos va a quitar el placer y el lujo de hacer una gira de garitos, como merece el disco y como merece la banda que somos.
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Este es un disco que se titula con esa idea de, bueno, pasar de los 50, de darle la vuelta al jamón, aunque no es un álbum que trate de eso.
–A mitad de la partida y aún con vida dice un verso de 50town, aunque es verdad, como dices, que el álbum no habla de eso. Es solo en una canción. Este es un disco que me he autoregalado, porque nunca me regalo nada a mí mismo, me he tratado siempre muy mal, y a mis 50 años estoy aprendiendo a quererme. Y lo primero que he hecho es autoregalarme un disco por mis 50 cumpleaños. Con todo, es cierto que no tiene nada que ver con esa historia de yo hice la EGB (risas). De hecho es un disco muy en el presente y que también mira hacia el futuro porque es lo que tiene delante. El pasado ha estado muy bien, pero es imposible volver. En la vida solo hay un camino, no existe el poder volver atrás.
Más de 30 años en la música
A principios de otoño del año pasado salió este álbum, un trabajo muy esperado por el público. Hay quien se preguntaba en qué andaba, aunque en realidad lleva casi desde los 15 años sin parar en esto de la música.
–Pues llevo... En el primer disco yo estaba en Buenas Noches Rose. Lo grabamos cuando yo tenía 19 años, creo, y salió en el año 95. Así que han pasado 31 años. Y, claro, 31 años después sigo dedicándome a lo que me empeñé en dedicarme, a lo que siempre he querido hacer, con sus altibajos, con sus subidas, con sus bajadas, con sus más, con sus menos... pero sigue siendo lo que más me gusta hacer. Y aunque Los Chicos de la Curva no se ducharan y la furgoneta oliera a pies, para mí sería un placer meterme ahí dentro (risas). Aunque ya te digo que son rockeros pero se lavan.
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Lo preguntaba porque no sé si a estas alturas de la película artística, y también vital, se sigue aprendiendo en la música.
–Sí, sí. Cada noche aprendo algo en el escenario, cada noche me sorprendo con algo, no sé, y aprendo sobre mí, sobre cómo manejar un concierto que ha ido la leche de bien, cómo manejar un concierto que no ha ido tan bien, ¿sabes? Porque hay que saber capear mentalmente cuando vienen mal dadas, pero también hay que saber capear mentalmente cuando vienen muy bien dadas, y tener cuidado con los pensamientos que tienes, y saber cuándo vienen de la soberbia o cuándo vienen de la razón. No sé, yo aprendo cosas en cada concierto. Y si no aprendo nada pero me lo he pasado genial, para mí ya es suficiente, porque estamos aquí, en este mundo, y no sirve para nada que estemos. Un día explotará todo esto, pero también la Vía Láctea y todo. Se acabará todo, y Cervantes, El Quijote... y absolutamente todo. No quedará nada. Es mi pensamiento. Así que ya que estamos aquí un ratito, y nos han bendecido con un poquito de vida, pues vamos a disfrutarla, ¿no?
