Conciertos de primer orden para compartir con el público y clases magistrales con profesores de relevancia para el alumnado que acude de muy diferentes partes. En muy pocas palabras, sobre estas dos líneas básicas se desarrolla el Festival Curso Internacional de Música de Gasteiz, una cita que estos días está desarrollando su decimosexta edición en la capital alavesa. Con el paso de los años, e incluso a pesar de la pandemia, el certamen fundado y dirigido por el clarinetista vitoriano Iñigo Alonso se ha convertido en una referencia fundamental en agosto tanto para la ciudadanía en general como para las decenas y decenas de estudiantes que acuden a su llamada.

“Todo lo hacemos por el alumnado, porque vemos que hay una necesidad y un interés” Iñigo Alonso: Fundador y director del certamen

“Todo lo hacemos por el alumnado, porque vemos que hay una necesidad y un interés” Iñigo Alonso: Fundador y director del certamen

Hasta el día 24, la actividad en el Conservatorio Jesús Guridi está siendo frenética. Lo viene siendo desde el pasado 16, cuando arrancó esta iniciativa que, en su parte de festival, ya ha recibido a agrupaciones como el Trío Arriaga. Hoy, eso sí, el encuentro con el público se va a producir en la Catedral Santa María. A las 20.00 horas, el templo abrirá sus puertas a Mihi Hirukotea. Ya mañana, a la misma hora, el aula magna del centro formativo ubicado en la avenida Gasteiz volverá a reclamar la atención con un concierto de piano a cuatro manos a cargo de María Angel García y Ana Beatriz Ferreira.

Los sonidos estivales de Vitoria

El certamen ha conseguido un año más configurar un cartel en el que se unen nuevas generaciones –también gracias a una plataforma creada por el clarinetista hace unos tres años para dar visibilidad a jóvenes del País Vasco–, músicos locales e intérpretes extranjeros. “Hay una variedad importante en la programación, trayendo también propuestas nuevas y diferentes a lo que se puede escuchar el resto del año en la ciudad”, apunta Alonso.

En cada actuación se solicita una donación de 5 euros. “Es un festival consolidado que la gente conoce y espera”, describe el responsable de una iniciativa que, como viene siendo habitual desde su puesta en marcha, cerrará los recitales con las actuaciones especiales que, también en el Jesús Guridi, ofrecerán los alumnos participantes en el curso, citas que se producirán los días 22, 23 y 24, las tres jornadas encontrándose con el público a las 19.30 horas.

Los sonidos estivales de Vitoria

Aprender, mejorar, compartir

La otra parte de la propuesta es la que tiene que ver con la formación, el eje fundamental de esta aventura nacida en plena crisis económica que incluso ha conseguido sobrevivir a una crisis sanitaria. “Todo esto lo hacemos por el alumnado, porque vemos que hay una necesidad y un interés por parte de la juventud que se está formando en música”. Son, como dice el clarinetista gasteiztarra –aunque lleva ya unos años residiendo en Alemania tras unos tres lustros viviendo en Inglaterra– “los que nunca fallan”.

“Desde que empecé esta idea, la respuesta del alumnado siempre ha sido una constante. Este festival curso es diferente, eso es algo que te dicen los propios profesores a los que se invita cada año. No sé si tiene que ver con la atmósfera que se genera o por otras cuestiones, como el hecho de que podamos hacerlo en un conservatorio, además como este. No es tan habitual como se podría pensar. De hecho, somos una excepción en este sentido”.

Los sonidos estivales de Vitoria

Más o menos a las nueve de la mañana es cuando empieza cada día la actividad en el centro. Es cuando los estudiantes –procedentes tanto de escuelas de música como de conservatorios de diferentes puntos– llegan y comienzan a prepararse, estudiar y calentar antes de que arranquen las clases. Este año, son casi cincuenta las personas que han respondido a la llamada de la iniciativa, llegadas también de países como Alemania y Reino Unido. Eso sí, la pandemia y la subida de precios de los últimos tiempos –condicionada además por las consecuencias de guerras como la de Ucrania– ha hecho que la presencia de alumnado de otras partes del mundo se haya acotado con respecto a las primeras ediciones.

Tanto en grupo como de manera individualizada, los estudiantes afrontan cada jornada un programa intenso. Aquí pueden aprender pero también compartir y relacionarse de manera distinta a su rutina habitual del resto del año académico. Es la oportunidad de encontrarse con profesores que son músicos de primer nivel, que les aportan visiones y enseñanzas desde ópticas diferentes, que les brindan el camino de descubrir otras facetas o herramientas de sus instrumentos.

Además, el hecho de salir de su contexto diario y de hacerlo en una ciudad como Vitoria también les aporta en el plano humano. Se trabaja en la mejora interpretativa pero además se genera una red de relaciones que a buen seguro se mantendrá en el futuro. Ha sucedido en otras ocasiones. No solo es importante la labor que aquí se hace con respecto a quienes el día de mañana pueden llegar a ser profesionales de la música. Habrá personas que no sigan, por distintas razones, esa senda laboral, pero sí mantendrán su relación con los sonidos desde un plano amateur o como espectadores. Y aquí es relevante que también se está formando a ese público.

El reclamo fundamental

Hasta más o menos las 19.30 horas, dependiendo del horario de inicio de los conciertos, la actividad formativa no se detiene. Hay que aprovechar cada segundo. Así lo hacen quienes acuden a este festival curso, una participación que viene motivada, sobre todo, por la presencia del plantel de profesores confeccionado. En este aspecto, la iniciativa ha ido evolucionando con el paso del tiempo.

“Ahora estoy trabajando con mucha gente joven que está dando clases en conservatorios muy importantes de diferentes países, aunque igual no tengan tanto nombre en estos momentos. Son maestros que traen ideas nuevas o formas diferentes de transmitir y eso también nos interesa”. Se trata de personas como Florian Peelman (viola), Daniel Ligorio (piano), Ji Yun Jeong (violín) y Pablo Barragán (clarinete), entre otros.

Su talento, formación y experiencia se pone al servicio del alumnado durante estos días, durante unas jornadas que suponen, además, la vuelta a casa de Alonso, músico freelance que el resto del año desarrolla su actividad profesional en distintas agrupaciones de varios países. El hecho de estar en constante movimiento y relación con otros intérpretes le ayuda a poder ir conociendo a más futuros profesores del certamen. Al fin y al cabo, el festival curso se materializa ahora, pero llevarlo a cabo supone una labor que, en realidad, nunca termina.