Ondas de Jazz

Un lugar para el jazz

15.04.2022 | 00:11
Un momento de la actuación del pasado martes. Foto: Pilar Barco

Primer combo de Luis Aramburu

Yolanda Lorenzo: voz. Tato Edroso: saxo alto. Fernando Lajo: saxo tenor. Iñigo Otxoa: guitarra. Alfredo García: piano. Teo Arranz: bajo eléctrico. Jon Gómez: batería. Silvia San Miguel: dirección.

Segundo combo de Luis Aramburu

Inhar Val: trompeta. Silvia San Miguel: piano y dirección. Tomás Sáez: guitarra. Alberto Andino: contrabajo. Mikel Loma: batería.

Brown (de Jesús Guridi)

Asier Piron Mangas: batería. Beñat Arrizabalaga Nanclares: saxo. Lierni Arrizabalaga Nanclares: trompeta. Sofía Gutiérrez Hatouchykava: piano y voz. Ibai Espino Marauri: bajo. Alba Castillo Fernández: guitarra. Iñar Sastre Lopetegi: dirección.

Monk (de Jesús Guridi)

Axel Dilan Yong Ortiz: guitarra. Martina González de Langarica García: saxo. Julen Ortiz de Zarate Beristain: batería. Iñar Sastre Lopetegi: piano y dirección. Ibai Espino Marauri: bajo.

Umami (De Jesús Guridi)

Enara Eguileta: saxo. Iñar Sastre: piano. Andrea González: batería. Yerai Parra: batería. Ibra N'Diaye: bajo. Joanes Ederra: dirección.

Conservatorio Jesús Guridi. Martes 12 de abril.

Un curso más, Ondas de Jazz celebró la audición protagonizada por los combos de la Escuela Luis Aranburu y el Conservatorio Jesús Guridi. Sobre el escenario, más de veinte músicos de todas las edades con sus directores. En el programa, diez estándares de blues, funk, bossa, be-bob o swing para probar la fuerza del músculo del jazz en nuestra ciudad. Y en la parte central, la entrega de la Makila de Honor de Jazzargia a la crítica musical Miran Arbalejo.

Arrancaron los combos de Luis Aranburu. Yolanda Lorenzo se lanzó a capella para interpretar un blues lleno de humo en Feeling good, mientras que todos tuvieron tiempo para un solo en Work song. En el segundo, disfrutamos de un relajado y excelente The good life y Top of my head. Silvia San Miguel, su directora, se sentó al piano y dedicó unas sentidas palabras en recuerdo de Raymel Echevarría. La emoción por su pérdida fue acogida por una ovación cerrada y extensa que dio paso al segundo combo. San Miguel nos dejó, además, una cita de Niestzche: "La vida sin música sería un error".

En la parte central, rodeados de todos los músicos, nos reunimos sobre el escenario la presentadora Josune Vélez de Mendizabal, Kepa Koldo Ortiz de Urbina por Laboral Kutxa, Xabier Añua, que entregaba la Makila, y los tres directores para recibir a la premiada en esta decimosexta edición. Resumir la trayectoria de Mirian Arbalejo no resulta fácil ni es un acto de justicia. Conocimiento oceánico, sensibilidad contrastada y verdadera magia con las palabras se dan la mano en esta activista del jazz que, tras más de veinte años de carrera profesional, ha recibido, entre otros galardones, el premio al mejor medio de comunicación de jazz otorgado por el Parlamento Británico por su proyecto Women In Jazz Media, que aglutina a cantantes, compositoras, periodistas y críticas del género.

Fue tiempo de palabras compartidas. Hay una "conversación pendiente" sobre la mujer y el jazz, nos dijo Arbalejo, quien confesó al auditorio que la Makila del martes es el primer premio que recibe en su país. Así de simple. Así de duro.

Llegaba el tiempo para los tres combos anfitriones. Sonaron A day in the life of a fool y I feel good interpretados por el combo Brown. A él le sucedió Monk con dos inspiradísimas Misty y Straight, no chaser (protagonizadas por González de Langarica). Terminamos con Umami en otras dos ejecuciones para el recuerdo (Strasbourg-St Denis y Zigaboogaloo) y otra prometedora saxofonista: Enara Eguileta.

Un género musical tiene futuro si hay músicos que lo practican, especialistas que lo estudian y público que lo demanda. Por desgracia, como subrayó Arbalejo, el tercer factor no está asegurado hoy día: la correa de transmisión que representaban los medios no está, ni de lejos, tan lubricada como hace décadas. Es misión de músicos, especialistas y público movilizar a medios y a financiadores (públicos y privados) para que esto no suceda. Y de transmitir a las generaciones futuras un legado. Larga vida al jazz, por tanto, si nos comprometemos a que los valores que encarna (diálogo, creatividad, respeto) sigan siendo parte de nuestra cultura.

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