Ondas de Jazz

El sentido de un silencio

26.11.2021 | 01:06
Proyecto Villalacre en un momento de su actuación en el Jesús Guridi. Foto: Pilar Barco

Proyecto Villalacre

Unai Celaya: violín. Guillermo Martínez: piano. Joaquín Marco: contrabajo. Guillermo Elizaga: batería. Conservatorio Jesús Guridi. Martes 23 de noviembre.

Como en el tópico horaciano, Unai Celaya y Guillermo Martínez han abandonado sus ciudades y viven en Villalacre (Burgos). Allí trabajan, es decir, bucean en el caudal de la clásica, el jazz y el folclore y ofrecen conciertos en el jardín de atrás de su casona. Aunque Villalacre no son los Alpes de la cuadrilla romántica de Byron y Shelley, sus vecinos están encantados, obviamente. Y también el público. Más de ochocientas personas han presenciado sus directos.

Por cosas así, Proyecto Villalacre protagonizó la primera audición de Ondas de Jazz. Ejecutaron en cuarteto y casi entera una joya discográfica del siglo XX: Suite for Violin and Jazz Piano Trio. Fue compuesta por el pianista Claude Bolling, fallecido el pasado diciembre. Bolling fue uno de los grandes compositores europeos que supieron incrustar en un pentagrama músicas diversas. Tradición clásica, vanguardia culta, folclore y jazz: todo cabía, y sin estridencias, en la espiral sonora de este niño prodigio de Cannes. La famosa "tercera vía" de la que hoy casi nadie habla.

En orden perfectamente discográfico, las piezas que componen la grabación fueron desgranadas con apabullante maestría por el preciso e inspirado cuarteto. La delicada melodía de Romance fue la bienvenida de un anfitrión experto ("es cuando el público se toma la primera copa", me decían después), antes de desplegar sus esencias en Caprice. Pieza tan tersa como endiablada, con saltos de la clásica al swing y pasajes auténticamente mágicos cuando Marco y Elizaga se miraban desde el placer, y no desde el pánico, para hacer swing y ritmo ternario (sí, a lo Brubeck).

La lluvia de aplausos fue respondida desde la calma en Irlandaise. Ahí está la tercera vía en estado puro. La armonía de Pachelbel, sí, sólo que rematada por breves compases de folclore francés. Y por supuesto, el arreglo de Celaya, que vuelca al violín lo compuesto para flauta. En efecto, junto al Jazzy, la pieza pertenece a otra maravillosa suite, para flauta, de Bolling publicada en 1975.

En los diálogos hubo tiempo para que Marco contara la historia de su contrabajo. Su herramienta sónica, rescatada del pavor de las llamas por su padre Joaquín Marco, el reconocido luthier vitoriano, data de mediados del siglo XIX. Fue la tercera historia que compartimos en la parte didáctica. Antes conversamos sobre la tercera vía, sobre la exigencia de arreglar para violín y ejecutar con él piezas de flauta gracias a la tesitura aguda de ambos instrumentos o sobre el cosmopolitismo enciclopédico de Bolling. Lo escuchado, no en vano, bebe de esencias eslavas, irlandesas, mediterráneas o argentinas, pero también del proceso de racionalización matemática que experimentó la música europea.

Eran las ocho y media cuando Proyecto Villalacre terminó su actuación. El vértigo de Jazzy, con esos unísonos de piano, contrabajo y violín, o los silencios de apenas un segundo, habían sido compensados por la placidez de Valse.

Aplaudimos a rabiar. Desde el escenario pensé que Villalacre se sentirá orgullosa. Cuando brama un tractor o una carretilla golpea el poyo de una puerta, dos músicos descifran sobre una partitura el sentido de un silencio. Y desde la eternidad, Horacio aplaude.

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