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Una temporada de excesivos contrastes

El Baskonia cierra con la decepción del ‘play off’ un curso condicionado por los contratiempos que deja el éxito de la Copa, un paso al frente en la ACB y una floja Euroliga

Todas las fotos del Kosner Baskonia - Asisa JoventutAlex Larretxi

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La temporada 2025-26 llega a su fin para el Kosner Baskonia. Una campaña que pasará a todas luces a la historia del conjunto gasteiztarra por haber levantado la Copa del Rey 17 años después, pero que también ha dejado algunos aspectos a mejorar, especialmente en la Euroliga.

El conjunto azulgrana arrancó el curso con fuerzas renovadas y mucha ilusión tras llevar a cabo una importante revolución el pasado verano. Se optó por prescindir de un entrenador con el prestigio de Pablo Laso para apostar por un técnico moderno y desconocido para el gran público como Paolo Galbiati, novato tanto en la Euroliga como en la ACB y con ideas rompedoras tanto en el juego como en la forma de trabajar.

Además, se le dio una vuelta de tuerca a la plantilla con la apuesta por cupos de formación externos llamados a tener mayor peso en la rotación como Matteo Spagnolo, Rodions Kurucs o Rafa Villar, renunciando a la filosofía reciente de buscar en la cantera perfiles que en muchos casos no estaban lo suficientemente preparados para competir en la Euroliga.

El mayor cambio, sin embargo, llegó en la secretaría técnica con el paso a un lado de Alfredo Salazar, encargado de la conformación de la plantilla y en gran parte responsable de los éxitos del club desde la llegada de Josean Querejeta a la presidencia en 1988, para ser relevado por el joven Xevi Pujol, uno de los secretarios técnicos con mayor proyección de Europa.

Entre todos estos cambios y con las habituales novedades veraniegas en la plantilla arrancó una campaña que ya desde la pretemporada se puso cuesta arriba para Paolo Galbiati. Luwawu-Cabarrot y Spagnolo se unieron más tarde al equipo por el Eurobasket y Tadas Sedekerskis, además, llegó físicamente mermado de su participación con Lituania.

Rodions Kurucs, operado de una fascia plantar en el pie izquierdo, también tardó en unirse y no disputó su primer partido como baskonista hasta mediados de octubre, mientras que en la pretemporada también se dieron varios percances como la grave infección estomacal que mantuvo ingresado a Mamadi Diakite varios días en el hospital y le hizo perder 10 kilos de peso.

Con todos estos contratiempos tuvo que lidiar Paolo Galbiati para introducir las novedades que pretendía y lo que se vio en el inicio de la temporada fue un equipo más alegre, vertical y ofensivo que el del curso anterior, pero enormemente frágil en defensa, encajando habitualmente anotaciones por encima de los 100 puntos y teniendo enormes dificultades para sumar triunfos.

Por si fuera poco, Luka Samanic, el baskonista más valorado en los primeros encuentros y llamado a ser el pívot titular, dejó el equipo al poco de empezar el curso tras un desencuentro con Galbiati. Al croata no le sentó bien que el italiano lo forzara a jugar tras una bronquitis y causó una baja importante que, por cierto, no fue cubierta.

Tampoco ayudaron las lesiones de Trent Forrest, a un altísimo nivel en el inicio de campaña, y Markus Howard –de largo su peor año como baskonista– en la visita al París Basketball, tras las que el club tuvo que reaccionar rápido con el fichaje de Kobi Simmons. También tocó moverse para firmar a Gytis Radzevicius cuando Hamidou Diallo, el fichaje estrella del verano, recibió una irrechazable oferta para marcharse a China en diciembre.

Con todos estos baches en el camino y una forma de jugar que no terminaba de asentarse, el Baskonia arrancó con un balance de 0-6 en la Euroliga. Reaccionó momentáneamente con tres victorias seguidas en casa ante Efes, Virtus y Dubái, pero siguió sufriendo, especialmente a domicilio.

Sin embargo, a medida que el equipo fue asentándose con el regreso de los lesionados, los refuerzos –también el de Omoruyi para suplir a un Sedekerskis que finalmente tuvo que pasar por el quirófano– y una mayor comprensión de lo que quería Galbiati, los alaveses fueron mejorando y Galbiati, a pesar de llegar a estar cuestionado, logró darle la vuelta a la situación.

A partir sobre todo de la victoria por 90-93 en cancha del Unicaja, cuando los alaveses acumulaban un balance de 4 triunfos y 5 derrotas en la ACB, encontraron su camino en la liga doméstica. No sólo lograron el objetivo de clasificarse para la Copa del Rey tras dos años ausentes, sino que lo hicieron como cabezas de serie tras ganar los siete partidos que restaban de la primera vuelta.

El momento culmen

Los vitorianos llegaron a Valencia fuera de la mayoría de las quinielas para alzarse con el título, menos aún después de las lesiones de Khalifa Diop y Rodions Kurucs en el último partido antes del torneo copero frente al Bilbao Basket.

Sin embargo, con el letón forzando para jugar con una importante hinchazón en el tobillo, el equipo volvió a demostrar su capacidad para crecerse ante la adversidad y una fe inquebrantable para superar a La Laguna Tenerife en cuartos de final y después imponerse a los todopoderosos Barcelona, en la semifinal, y Real Madrid, en la final, para alzar su séptimo entorchado copero. Fue la consagración de Trent Forrest, MVP del torneo, Timothé Luwawu-Cabarrot, el gran referente anotador y líder azulgrana todo el curso, Mamadi Diakite con sus tapones para la historia en la semifinal y en la final, la polivalencia de Eugene Omoruyi o la garra de Kurucs.

El título se celebró por todo lo alto y la resaca emocional duró más tiempo de lo esperado. El equipo se desentendió definitivamente de la Euroliga, donde en ningún momento dio la sensación de tener capacidad para acercarse al play in y revertir el 0-6 inicial. En la ACB, mientras, no fue hasta las últimas seis jornadas que ganó de forma consecutiva cuando volvió a demostrar su versión con más hambre a pesar de la aparición de las primeras noticias sobre la marcha de los pilares del proyecto rumbo a otros clubes más poderosos.

Un pequeño fracaso

Gracias a ese acelerón final, el Baskonia llegó al play off lanzado, con un excelente balance de 25-9 y con el factor cancha a su favor, pero se encontró en los cuartos de final con el Joventut de Badalona, su bestia negra de los últimos años. La eliminatoria no arrancó mal, con un primer partido muy competido como se preveía, pero con victoria azulgrana en el Buesa gracias a un redondo último cuarto.

El segundo partido fue bien distinto, con un Baskonia irreconocible, con su anotación más baja de la temporada y un Joventut que fue capaz de elevar su solidez defensiva, llevar el duelo al barro y anular por completo a los alaveses, que llegaron al duelo decisivo con toda la presión sobre sus cabezas. Pese al calor del Buesa Arena, el Joventut terminó ejecutando a la perfección su plan y dejando al Baskonia a las puertas de la semifinal y sin el sueño del doblete.

La séptima Copa se celebra por todo lo altoACB PHOTO

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Una última decepción, que, pese a resultar muy dolorosa, no empañará la enorme alegría del éxito copero ni la solvencia mostrada por los hombres de Paolo Galbiati durante toda la fase regular de la ACB, donde el Baskonia ha vuelto a ser un equipo respetado y muy sólido ante los oponentes sobre el papel inferiores y que han terminado fuera de los puestos del play off

Eso sí, esas alegrías no deben tampoco ocultar que los alaveses han completado la peor Euroliga de su historia con un pobre balance de 13-25 y que el Baskonia deberá reinventarse para poder ser competitivo en un torneo en el que cada vez está más lejos de los presupuestos y de las plantillas de sus rivales. En las circunstancias actuales, incluso el play in es un objetivo poco realista para la entidad de Zurbano, pero sí que conviene evitar que el equipo se descuelgue tan pronto en el torneo.

Luces y sombras, en definitiva, en una campaña que, pese a todas las dificultades y los desencantos, ha revivido la ilusión del baskonismo, que aún saborea un éxito copero que pasa a formar parte de los capítulos dorados de la historia del club.