El generoso esfuerzo del Baskonia careció de recompensa en el Principado, donde se quedó seco en un último cuarto de ceguera ofensiva. Entre el mal día de dos de sus estiletes (Howard y Giedraitis) y que el Mónaco elevó la temperatura defensiva hasta unos límites insospechados con la inexplicable aquiescencia arbitral, se le escurrió de las manos al equipo vitoriano una victoria por la que luchó hasta la extenuación.

La asfixiante intensidad francesa, permitida por tres colegiados sin el mismo criterio en las dos zonas, terminó sacando del partido al Baskonia, sin oxígeno en el cerebro ni frescura en las piernas en el epílogo para dar el golpe de gracia a uno de los nuevos ricos de la Euroliga. Queda el consuelo de que la imagen alavesa resultó notable en una cancha donde esta temporada no se repartirán caramelos.

Se marchó por el sumidero una oportunidad de oro en tierras francesas, aunque poco cabe reprochar esta vez a un Baskonia que, pese a sus bajas o el aciago papel de jugadores llamados a liderar el ataque, se hizo acreedor durante muchos minutos a evitar su cuarta derrota en los últimos cinco duelos de la Euroliga.

La entrada de Henry en lugar de Thompson, cargado rápidamente con dos faltas, reanimó de forma notable a un Baskonia que había arrancado el partido con algunas dudas. El base estadounidense, cada vez más metido en dinámica colectiva, capaz de convertir sus siete primeros tiros de campo y que recordó al de su primera etapa en Vitoria gracias a su liderazgo al frente del timón, tiró del carro con la eficacia que siempre le ha caracterizado. Sus problemas físicos en la recta final fueron una losa muy pesada.

El partido se convirtió en un atractivo intercambio de golpes. Ambos equipos se sintieron más cómodos anotando que protegiendo su aro gracias al talento de sus exteriores. Ello no fue óbice para que Motiejunas, con su gran movimiento de pies, fuese por momentos un elemento indescifrable bajo los aros en las filas locales.

La defensa del Baskonia tan solo sufrió en la primera mitad ante los purasangres y atléticos jugadores locales. El equipo vitoriano no se arredró nunca ante el poderoso físico del conjunto del Principado, al que colocó unos pesados grilletes, y dio la cara de forma sobresaliente con varios puntos más de disciplina táctica, deseo y sacrificio. Lástima que llegara con escasas gotas de frescura a la hora de la verdad.

Pese a que muchos aclarados de los estiletes de Obradovic, más rápidos, físicos y ágiles que los defensores de Peñarroya, acabaron casi siempre en canasta, las ventajas galas no fueron ni mucho menos concluyentes antes del intermedio.

Además de Henry, el Baskonia agradeció los mejores minutos de Dani Díez desde su llegada a Vitoria. El madrileño no solo destapó su buena muñeca como 'cuatro' abierto sino que, además, se sacrificó por el equipo en las labores menos vistosas. En el lado negativo de la balanza, el cuadro alavés se vio penalizado por la escasa pegada de Giedraitis, incapaz de anotar sus suspensiones liberadas, y también Howard, igual de enemistado con el aro local.

La figura de Kotsar se agigantó tras el intermedio, momento en que la defensa vitoriana maniató por completo al Mónaco. Casi cinco minutos tardó en conseguir su primera canasta el anfitrión, en el que sus jugadores se mostraron más propensos a hacer la guerra por su cuenta.

Sostenido por su encomiable predisposición para el sacrificio atrás o su casta en la pelea por el rebote ofensivo, el Baskonia pegó un nuevo estirón en las postrimerías del tercer cuarto que le permitió divisar más cerca la victoria (53-61). Fue el vitoriano un equipo comprometido y en el que todos remaron en la misma dirección. Nada tuvo que ver con el de Villeurbanne o Atenas en las últimas salidas continentales.

En el último cuarto sí hubo más problemas para anotar en ambos equipos y el encuentro se encaminó hacia un cara o cruz final. El Baskonia se vio perjudicado por el desigual criterio arbitral para sancionar los contactos y entró en el bonus a falta de más de cuatro minutos para el epílogo. Pese a su baloncesto extremadamente físico y sus manos en todos los lugares de la cancha, el Mónaco estuvo excesivamente protegido.

Okobo, el base escogido por Obradovic para disputar los minutos calientes en lugar de James, igualó el partido a 71 con un triple y, a renglón seguido, aprovechó un pase defectuoso de Howard para adelantar al Mónaco con una bandeja. Fue el principio del fin. Para entonces, el Baskonia ya era un equipo consumido por el esfuerzo al que el aro francés se le hizo diminuto.