Argibide: diez años de trabajo integrador

El centro de día Argibide acaba de cumplir una década al servicio de las personas con enfermedad mental grave en su sede de Salburua. Un buen momento para conocer a esta gran "familia", a sus profesionales, usuarios y allegados.

27.06.2021 | 00:38
De izquierda a derecha, José Luis –usuario–, Antonio Caridad, Vanesa Vadillo –gerente de Asafes–, Yolanda Montero –coordinadora del IFBS–, Hugo Gaspar –usuario– y Leire Eguinoa. Abajo, actividad de manualidades y de nuevo Hugo, junto a un panel con fotos.Fotos: Pilar Barco

Inició su actividad el 2 de junio de 2010 en los locales que albergan la sede de la asociación Asafes, en el barrio de Lakua, dando respuesta a una necesidad social aún no cubierta en Vitoria y a la demanda de las familias de este colectivo. Lo hizo de una forma todavía modesta, con apenas siete personas usuarias y gracias a recursos propios. Sin embargo, el centro de día Argibide, que era heredero del programa Amigo también impulsado por Asafes años atrás, se preparaba ya para recibir el gran empujón que necesitaba.

Este se produjo apenas unos meses después y gracias al apoyo institucional. Se derivó, por un lado, de la asunción del recurso por parte del Instituto Foral de Bienestar Social (IFBS), que firmó su primer convenio con la Asociación de familiares y personas con enfermedad mental para que esta lo gestionara, y la mudanza a un nuevo y amplio local cedido por el Ayuntamiento de Gasteiz en Salburua.

Meses de obras y acondicionamiento después, Argibide estrenaba sus flamantes instalaciones, que siguen siendo las actuales, en un bajo de la calle Lubiana. Corría el 11 de marzo de 2011, por lo que el servicio ha cumplido recientemente, en plena pandemia, su décimo aniversario en esta ubicación. Una circunstancia que ha impedido celebrar este cumpleaños redondo como bien se merecía, pero que no empaña la trayectoria de un recurso vital para facilitar la integración social y la autonomía de los usuarios y el descanso de sus familias.

26 personas usuarias DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA visita la sede de Argibide, que en la actualidad cuenta con 21 plazas de jornada completa con servicio de comedor y otras cinco de media jornada. Sus beneficiarios son personas con enfermedad mental grave, pero en bastantes casos con un buen grado de autonomía, que realizan todo tipo de actividades individuales y grupales y cuentan con un acompañamiento y un seguimiento personalizados tanto por parte del personal del centro como por técnicos del IFBS. Dirigido a usuarios desde los 18 hasta los 65 años, Argibide cuenta en la actualidad con una lista de espera de alrededor de veinte personas.

Antes de que el centro se pusiera en marcha, los recursos para personas con enfermedad mental grave se limitaban en el territorio básicamente al ámbito residencial. "Se intentó diversificar la oferta de servicios para dar respuesta a otras necesidades, para darles otras salidas. Se trataba de que pudieran mantenerse en el domicilio, en su entorno, pero con ciertos recursos de apoyo", contextualiza Yolanda Montero, coordinadora de programas de salud mental en el IFBS. Otro objetivo básico era que las familias "pudieran desarrollar su vida normalmente", según añade Antonio Caridad, terapeuta ocupacional y gestor del recurso, poniendo énfasis en ese necesario respiro.

Acompañan a Montero y Caridad en su encuentro con este periódico Leire Eguinoa, una de las dos educadoras sociales con las que cuenta el recurso, Vanesa Vadillo, gerente de Asafes, y Hugo Gaspar, uno de la veintena larga de usuarios de Argibide.

A sus casi 46 años, este vitoriano y vecino del barrio de Salburua –donde vive solo– suma "más o menos" cinco años ligado a Argibide. En sus palabras, allí ha logrado durante todo este tiempo estar "activo" y "tener un plan de vida" gracias al apoyo de su equipo de profesionales. "Estoy contento", confiesa Gaspar, entre cuyas aficiones se encuentra tocar la guitarra eléctrica. Se declara, de hecho, seguidor de Guns N' Roses e incluso ha llegado a dar ya "un pequeño concierto".

Las excursiones que periódicamente realiza con sus compañeros en Argibide también están entre las preferencias de este usuario. Ahora que comienza a verse la luz al final del túnel de la crisis sanitaria, Gaspar reconoce que tiene "muchas ganas de que todo sea como antes". "Ha sido un año un poco... (se lo piensa) alocado", reconoce, en el que temporalmente volvió a vivir con su madre.

Por motivos de seguridad, desde que el recurso reabrió sus puertas tras el confinamiento el 15 de junio de 2020, las personas usuarias han estado divididas en dos grupos, uno de los cuales acude a las instalaciones de 9.30 a 13.00 horas y el otro, de 13.30 a 17.00. De esta forma, aunque en un horario restringido a la mitad de lo habitual, todas ellas han podido seguir acudiendo a Argibide a diario, de lunes a viernes.

Gracias a la mejora de la situación epidemiológica, a lo largo de este mes el recurso ha ido incorporado paulatinamente a varios de sus usuarios al horario habitual de 9.30 17.00 horas, que todos recuperarán en este inminente julio. Entre las numerosas actividades que se desarrollan en el centro se encuentran las manualidades, los paseos en bicicleta, la arteterapia, la lectura fácil o un programa de estimulación cognitiva por ordenador.

"Nos abrió el cielo" "Para la familia ha sido un beneficio total. Un descanso, un relax... Porque en nuestro caso es totalmente dependiente. Nos abrió el cielo". Quien así se sincera es Pepi Donoso, madre de un usuario de Argibide, que solo tiene buenas palabras para el recurso y, especialmente, su personal.

"Nos tocó la lotería y estoy encantada con ellas", apunta Donoso en alusión a las profesionales del centro, pese a que reconoce que sintió cierta "pena" cuando llevó a su hijo al centro por primera vez. "Pero con el tiempo ves lo bien que le ha venido a él, y a nosotros, y lo volvería a firmar mil veces. Estoy muy contenta. Que no se cierre nunca, porque para las familias es una necesidad", recuerda Donoso, quien pone énfasis también en los "beneficios" que ha reportado Argibide a su hijo. "Tiene sus actividades, está distraído... y aunque refunfuña algún día, está muy bien atendido. Ha hecho también algún amigo y le ha venido muy bien", celebra esta madre.

La escasa movilidad que caracteriza al centro hace que entre sus usuarios haya personas que pertenecen a él desde sus inicios. Otros han llegado a jubilarse también allí, un momento en el que los profesionales y el IFBS buscan procesos de salida adaptados a cada realidad y, sobre todo, que no sean traumáticos. "Somos como una familia. Llevamos ya mucho tiempo las personas trabajadoras y las usuarias y hay un nivel de confianza muy grande", apunta, por su parte, Eguinoa.

El equipo

Atención directa

 

De izquierda a derecha, Leire Eguinoa –educadora social–, Antonio Caridad –terapeuta ocupacional y gestor de Argibide–, Rakel Taboada –integradora social–, Oihana Ormaetxea –psicóloga– y Laida Urzelai –educadora social–. Es el equipo que se encarga de la atención directa en el centro de día Argibide.

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