San José, la capital de Costa Rica, está a casi 9.000 kilómetros de Mendizorroza. Así lo saben Santiago Manzanal y su hijo, también Santiago. Palentino, el primero, y costarricense, el segundo, han recorrido esa enorme distancia para acompañar al Deportivo Alavés en sus tres próximos compromisos ligueros, los que marcarán si se queda o no en Primera División. Barcelona, Real Oviedo y Rayo Vallecano; no hay nada más allá.
Ambos aterrizaron el sábado en Madrid, encadenaron un par de días allí y ya se encuentran en la capital vasca, fieles a un pacto que se hizo el hijo a sí mismo y que lleva repitiéndole a su esposa desde hace tiempo: “Si nos jugamos la vida en los últimos tres partidos, yo me voy a Vitoria”. Dicho y hecho: billetes, una maleta con camiseta y bufanda albiazul y a echarse a volar.
SU HISTORIA
Los padres del primer Santiago, nacido en Osorno, se mudaron a tierras alavesas cuando este tenía solo tres años. Se crio aquí y, poco a poco, se fue enganchando al Glorioso. Al hablar sobre aquellos años, bromea sobre un Mendizorroza “feísimo” comparado “con lo que es ahora”, pero al que acudía con asiduidad. A los 20 se marchó a Costa Rica, encontró el amor y tuvo al que hoy es su compañero en este viaje.
Este segundo eligió ser del Alavés en 1999, cuando tenía 15 años. Le regalaron un periplo por Vitoria-Gasteiz para conocer la tierra de su padre y sus abuelos ya no hubo marcha atrás. Y eso que, entonces, no pudo ver ningún partido. Era verano y no había liga, pero los babazorro estaban de vuelta en la élite y todo lo que conoció le encandiló.
“Recuerdo que, al principio, antes de la primera visita, me enviaba cartas con mis abuelos. Quería saber más sobre mis orígenes y me hizo ilusión enterarme de que allí había un equipo de fútbol. Lo empecé a seguir y seguir, creando una especie de sentimiento de pertenencia”, relata. No siendo internet lo que es hoy, seguía al Glorioso “a puro radio” o, muchas veces, tirando de imaginación tras ver solo el resultado, pues no siempre lograba conectar con los partidos.
Su primer partido en Mendizorroza lo vio en 2009. Viajó hasta Vitoria-Gasteiz para ver un duelo contra el Alicante, al que el Alavés venció por 1-0 con gol de Óscar de Marcos. Lo hizo soñando con una permanencia que no ocurrió. Aquel año, el club descendió a Segunda B y estuvo cerca de desaparecer, pese a que los más acérrimos, como el propio Santiago, no dudaron en comprar acciones para tratar de ayudar.
PUNTO DE INFLEXIÓN
El gran punto de inflexión en esta historia alavesista tuvo lugar en 2016, cuando el joven, por entonces aún estudiante de medicina, vivió un año en Madrid para su especialización. “Aquel curso pude seguir mucho al equipo. Recuerdo con especial cariño el gol de Manu García en el Vicente Calderón, en la primera jornada. Fue decir ‘estamos de vuelta en la élite’”, comenta.
Tampoco faltó en ese mismo estadio meses después, cuando el Glorioso jugó la primera final de Copa de su historia, contra el Barcelona. Toda la familia vivió aquella gran cita. “Mi rutina era clara: de lunes a viernes trabajaba duro en el hospital (12 de Octubre), y los fines de semana cogía el autobús o lo que tocara para acompañar al Alavés”, dice.
De vuelta a San José se rodeó de una pequeña peña albiazul con tres amigos. El merchandising le llega por correo gracias a su amigo Miguel, que vive en Vitoria y al que conoció en un chat de aficionados albiazules, pero la logística no es sencilla. El Alavés no ofrece envíos a tanta distancia y por ello que va a aprovechar esta visita para “rellenar las maletas”. Sus dos hijos, Ignacio y Felipe, así lo esperan. Los tiene adoctrinados, y con orgullo.
“Que aprendan a sufrir un poco. El fútbol es un símil de la vida, así como suena de romántico. Nosotros no somos magnates, no tenemos autos de lujo. No lo tenemos todo tan fácil como lo es ser del Madrid o del Barça, y eso es lo apasionante. Nos levantamos cada día para dar lo mejor de nosotros, aunque sepamos que la gloria es improbable, como le ocurre a clubes como el Glorioso”, manifiesta.
Santiago vive todos los fines de semana “con la sensación de poder hacer algo grande”. Así es como se lo explica a sus compatriotas, los que no entiende por qué es del Alavés. “Siempre les comparo el sentimiento babazorro con lo que sentimos cuando Costa Rica, en el Mundial de 2014, salió del grupo de la muerte con Uruguay, Inglaterra e Italia. No hay nada mejor que ser un modesto y vencer a un gigante”, añade.
Sus anécdotas como alavesista desde la distancia dan para mucho. Cuenta que un día, operando en quirófano con el hermano de un amigo, salió por casualidad el tema del fútbol español; y, antes de que él pudiera identificarse como albiazul, fue el otro quien se le adelantó: “Yo soy del Alavés”. Paró la operación en cuanto escuchó esas palabras, pero solo era una broma que le estaban gastando sus compañeros. Lo suyo con el Glorioso es algo personal.
"El fútbol es un símil de la vida; ser del Alavés no es tan fácil como serlo del Madrid o el Barça, y eso es lo apasionante"
E ídolos ha tenido muchos. Uno de ellos, de los que más, el pulpo Martín Astudillo, con quien se sacó una foto en su primer partido en Mendizorroza. El argentino continúa siendo el futbolista con más partidos disputados con la zamarra albiazul. Igualmente, no son pocos los momentos históricos que se le pasan por la cabeza: “Recordar el gol de Guzmán en Jaén, que lo seguimos por un link pirata que se paraba todo el rato, o el del Búfalo (Asier Villalibre) contra el Levante me pone la piel de gallina”.
ESPECIALISTAS EN LIARLA
Preguntado por la situación actual del equipo, padre e hijo asumen la dificultad, pero con positivismo. Han viajado hasta Vitoria-Gasteiz, y estarán el domingo en Oviedo, para traer suerte al Alavés: “Va a ser difícil, pero somos especialistas en liarla. Creo que podemos dar la sorpresa al Barça y cumplir en los otros dos encuentros”. Creen que siete puntos, de los nueve que quedan, es la cifra necesaria para que los pupilos de Quique Sánchez Flores logren la permanencia.
"La permanencia está difícil, pero somos especialistas en liarla. Creo que podemos ganar al Barça"
Asimismo, apuesta por que el gol de la permanencia va a ser obra de Lucas Boyé, si bien bromean también con Mariano Díaz. Entre risas, no pueden imaginarse una imagen más increíble que el delantero hispano-dominicano, con tan poco protagonismo durante la temporada, marcando el tanto que deje al Glorioso en la máxima categoría. l