Hay jugadas que pueden cambiar el devenir de un encuentro. Pequeñas acciones que pueden modificar el destino de un equipo en un encuentro o incluso en una competición. Eso es precisamente lo que le ocurrió al Deportivo Alavés este miércoles tras el penalti errado por Toni Martínez, un momento puntual que desembocó en el fin de la participación de los vitorianos en la Copa.

Todo parecía ponérsele muy de cara al conjunto albiazul cuando sobre el minuto 65 Quintero González, el colegiado andaluz que dirigió el duelo ante la Real Sociedad, fue notificado por el VAR para revisar un jugada de la que se estaba quejando una y otra vez el propio Toni. El murciano protestaba un agarrón de Caleta-Car dentro del área que el trencilla tuvo que ir finalmente a ver al monitor.

Tras revisar la acción en el vídeo arbitraje, el árbitro señaló los 11 metros con un gesto que levantó una explosión de júbilo en todo Mendizorroza. Toni cogió el balón y se dispuso a batir nuevamente a un Remiro al que ya había anotado de penalti en la primera mitad del choque.

Sin embargo, para desgracia vitoriana, el resultado esta vez sería bien distinto. El murciano dirigió su disparo hacia la izquierda de la meta del navarro, tal y como hizo en los primeros 45 minutos, pero esta vez el de Cascante adivinó sus intenciones. Una parada que salvó a la Real en un momento que parecía propicio para dar un golpe definitivo. 

Desde ese instante, todo fue a contracorriente para los intereses albiazules. El penalti atajado por Remiro otorgó una vida extra para los visitantes que más tarde supieron aprovechar a la perfección para sellar su pase a la siguiente ronda.

Apagón tras el fallo

Tras el penalti errado por Toni, Coudet sustituyó a Calebe y Mañas, dos de los grandes nombres de la noche, por Boyé e Ibáñez con la intención de cerrar el partido. No obstante, los cambios no tuvieron el efecto esperado y lejos de ir a por el tercer gol el Alavés empezó a hundirse atrás.

Los futbolistas de la Real empezaron a encontrar los huecos en la zaga albiazul que no habían encontrado durante todo el partido y por ahí llegó el primer jarro de agua fría para el Alavés. Turrientes filtró un balón a la espalda de Jonny que Guedes persiguió hasta el final para batir a Raúl. 2-2 y vuelta a empezar para el conjunto de un Coudet que, sin embargo, no pudo revivir el ánimo de los suyos.

El Alavés se vino abajo y los donostiarras lo aprovecharon para sentenciar el partido antes de una posible prórroga. Nuevamente aparecieron muchos huecos en una defensa albiazul muy adelantada que se desordenó por completo en los minutos finales. Primero un cabezazo de Caleta-Car estuvo a punto de romper las tablas en el marcador, pero finalmente fue Orri Oskarsson, nada más salir al terreno de juego, sentenció a la espalda de una zaga vitoriana que volvió a quedar en evidencia.

Tres goles en casa y una dolorosa eliminación en una cita histórica después de tener prácticamente el partido sentenciado. Esa es la amarga lectura y el cruel final del viaje copero del Alavés de este año. Un trayecto que tal vez no mereció acabar tan pronto, pero al que los fallos en defensa pusieron fin este miércoles.

El técnico argentino tiene ahora, prácticamente sin tiempo, la difícil tarea de levantar los ánimos del equipo de cara a la próxima final: el partido liguero del domingo frente al Getafe en Mendizorroza. El Alavés tratará de recuperar ante el conjunto dirigido por Bordalás toda la confianza perdida en los últimos 20 minutos ante la Real Sociedad.