Desde que tomó las riendas del Deportivo Alavés hace casi un año, Eduardo Coudet siempre se ha mostrado como un entrenador de ideas firmes. El argentino es de esos que, cuando un futbolista le entra por los ojos, insiste en darle confianza y continuidad, incluso cuando su rendimiento está por debajo de lo esperado –Joan Jordán fue ejemplo de ello la campaña pasada–. Va a muerte con los suyos, siempre.

Esta temporada, esa fe ciega del Chacho en los jugadores que le gustan se está viendo con Denis Suárez. Insistió mucho para traerlo, conocedor de su calidad tras haberlo dirigido en el Celta, y no dudó en darle minutos en cuanto tuvo ocasión: en el partido contra el Atlético de Madrid en Mendizorroza, llevando apenas un día en Vitoria-Gasteiz, el gallego debutó como babazorro saliendo desde el banquillo.

Desde entonces, Denis ha contado con bastantes oportunidades hasta que, como se esperaba, se ha hecho con la titularidad. Ha salido de inicio en las últimas tres jornadas (Rayo Vallecano, Espanyol y Girona) y su desempeño, ciertamente, ha sido positivo. Si bien todavía puede mejorar a nivel de ritmo y consistencia, no hay duda de que es integrante del plantel gasteiztarra con mayor talento con el balón.

Ahora bien, lo que ha sorprendido a parte de la hinchada alavesista es que el sacrificado para dar protagonismo a Denis haya sido Pablo Ibáñez, más teniendo en cuenta su rendimiento. Hasta su repentina desaparición de los onces iniciales, el navarro estaba dejando a las gradas del Paseo de Cervantes ojipláticas, incapaces de entender cómo Osasuna lo había dejado escapar este pasado verano.

Sobre el terreno de juego, el futbolista navarro estaba complementando a Antonio Blanco. Siendo el cordobés un mediocentro bastante posicional, Ibáñez le daba al equipo esa presencia en todo el campo que podía faltarle. Algo solo posible gracias a su enorme físico. Además, hacía esto destacando también con la pelota en las botas, ofreciéndose siempre en las transiciones y apenas fallando pases.

Lo único que se estaba echando en falta de Ibáñez era que llegara con mayor asiduidad al área rival, más con los problemas del Alavés para generar ocasiones. Él mismo manifestó en su entrevista con DNA que quería mejorar en ese sentido, aunque un paso al frente ahí era y es necesario de toda la segunda línea, no solo de él. La diferencia es que, por condiciones, parece el más capacitado para ello.

Denis disputa un balón con Tsygankov. David Borrat

Por esas buenas sensaciones que estaba dejando como albiazul es por lo que tanta extrañeza ha causado su suplencia en las tres últimas jornadas, no por el nivel de Denis. Ibáñez no es titular en Liga desde el empate contra el Valencia –sí que lo fue en la Copa– y su participación como revulsivo ha ido cayendo en picado: media hora ante el Rayo, 15 minutos con el Espanyol y menos de cinco en Montilivi.

Y otra de las razones por las que sorprende esa pérdida de protagonismo del navarro es porque no parece incompatible con Denis. Aun comprendiendo que el Chacho quiera mantener al jugador gallego en el once a toda costa, tanto este como el propio Ibáñez podrían jugar escorados a la banda y coincidir sobre el césped, ya sea por la izquierda, donde juega Aleñá, o por la derecha, demarcación de Calebe.

Quienes seguro parecen irremplazables son Blanco, que da equilibrio a todas las líneas, y Lucas Boyé. Viendo la incidencia del delantero argentino en el juego del Alavés, nada hace pensar que el Chacho vaya a abandonar el dibujo de dos puntas con la idea de habilitar otra posición en la sala de máquinas. Es decir, para que Denis y Pablo sean titulares, la opción más viable es mover a uno de los dos a la banda.

¿CAMBIOS TRAS EL PARÓN?

No sería extraño, de todas formas, que Coudet recuperase a Ibáñez para el once a la vuelta del parón. La derrota en Girona, sobre todo por cómo se produjo, ha sido un varapalo y puede que el entrenador argentino introduzca algún que otro cambio en busca de algo diferente. El Celta será el próximo rival babazorro, el 22 de noviembre en Mendizorroza (14.00 horas).