Relevo en el banquillo albiazul

Javi Calleja, la última bala para intentar salvar al Alavés

El madrileño toma el relevo de Abelardo, que deja al equipo colista a falta de nueve jornadas

05.04.2021 | 12:24
Javi Calleja, la última bala para intentar salvar al Alavés
El punto final de la crónica de una  despedida anunciada se ha escrito poco después de las cinco de la tarde de este lunes. Tras apenas tres meses en el banquillo local de Mendizorroza,  Abelardo ha dejado de ser entrenador del Deportivo Alavés sin haber conseguido acercarse siquiera a los objetivos con los que se incorporó a la disciplina albiazul el pasado mes de enero.

Entonces, sustituyó a Pablo Machín con la misión de enderezar el rumbo de una nave que circulaba peligrosamente a la deriva.  Once jornadas después, el barco no solo no ha recuperado la ruta correcta sino que se hunde cada vez más amenazando peligrosamente con un naufragio inevitable.

Instalado ya en el último puesto de la clasificación,  el insostenible ridículo protagonizado por el equipo en la dolorosa derrota ante el Celta ha supuesto la puntilla para el técnico asturiano. Él mismo abrió la puerta de salida a la conclusión del compromiso con una sinceras declaraciones en las que mostró abiertamente sus dudas para continuar al frente del proyecto. Un argumento compartido por el consejo de administración, que busca un último impulso a la desesperada hacia la salvación con el segundo relevo en el banquillo de la temporada.
 
Esa última bala en la recámara del Paseo de Cervantes responde al nombre de Javi Calleja, el elegido para afrontar el reto. El madrileño, sin equipo desde que a la conclusión de la pasada campaña el Villarreal –al que dirigió durante tres temporadas consecutivas– decidiera no seguir contando con él pese a haber dejado al equipo en la quinta posición de la tabla, ha sido confirmado como nuevo entrenador del Deportivo Alavés poco antes de las diez y media de la noche y se enfrenta a un escenario de la máxima dificultad.

Sin período de adaptación ni el más mínimo margen para el error, está obligado a obtener resultados inmediatos para poder tener opciones de salvación. Calleja llega acompañado de Quique Álvarez (segundo entrenador), José Romero (preparador físico) y Luismi Loro  (analista) y se compromete con el club hasta el final del ejercicio.
 
Junto a él  permanece una plantilla muy marcada por su pésima trayectoria desde que arrancó la temporada y que en ningún momento ha sido capaz de demostrar sobre el césped la calidad que se le supone. Injustificables errores individuales y colectivos han echado por tierra un sinfín de partidos y en muy pocas ocasiones han sido capaces de competir de igual a igual frente a sus rivales. Además, el enrarecido ambiente del vestuario será, sin duda, otro de los asuntos que Calleja deberá reordenar de inmediato si desea aspirar a un final mejor que el de su predecesor en el cargo.
 
En su última comparecencia pública, el Pitu Abelardo desveló sin tapujos la situación de Lucas Pérez, al que acusó abiertamente de haber "faltado al respeto" tanto a él mismo como a sus propios compañeros. La explicación más que contundente de la ausencia del futbolista gallego de sus dos últimas convocatorias. El asunto, extremadamente grave y más todavía en un escenario tan delicado como el que se halla inmerso el conjunto vitoriano, se encontraba larvado en el vestuario gasteiztarra desde hace meses pero es ahora cuando ha explotado con toda su crudeza.
 
Lucas es, sin ninguna duda, el futbolista con más calidad y mayor desequilibrio del equipo pero su rendimiento desde la segunda mitad del pasado ejercicio ha ido decreciendo de manera exponencial hasta terminar casi apagándose por completo. Bien sea por los conflictos extradeportivos o por baja forma, la realidad es que sus prestaciones actuales nada tienen que ver con las que sostuvieron al Alavés en el primer tramo del curso pasado.
 
Ahora Calleja deberá tomar una decisión fundamental con el delantero gallego. Levantarle el castigo y confiar en que con su talento contribuya a reflotar la nave arriesgándose a que esta medida enturbie aún más el ambiente del vestuario o mantener en vigor el regimen interno y buscar el milagro con los argumentos del resto de la plantilla. El sábado en San Mamés se despejarán las dudas a este respecto.
 
Por lo que respecto a su predecesor en el banquillo, nada ha tenido que ver esta segunda etapa de Abelardo como entrenador del Alavés con la primera que vivió entre diciembre de 2017 y unio de 2019. Entonces resucitó a un conjunto virtualmente muerto y lo condujo a firmar la mejor primera vuelta de toda su historia. Un expediente sobresaliente que llevó a la directiva albiazul a apostar por él como recambio de Machín. Regresó a Mendizorroza de nuevo con el cartel de salvador pero, en esta oportunidad,  el desafío ha sido superior a él.
 


El equipo apenas ha evidenciado signos de reanimación desde que el asturiano tomó el timón y las derrotas –algunas injustificables en las formas– se han sucedido con irritante puntualidad. Además, los problemas extradeportivos con Lucas Pérez como gran epicentro han mellado significativamente la labor del técnico –y el conjunto del equipo– y su crédito al frente del vestuario.

Como dicta la ley del fútbol y acostumbra a suceder en estas ocasiones, el club ha optado por el camino más corto para escribir el desenlace de este triste capítulo de la centenaria historia del Glorioso. La cuerda del entrenador siempre es la más débil y esa es precisamente la que se ha roto. Abelardo ya es pasado y en las nueve jornadas de campeonato que restan les tocará a otros asumir la responsabilidad de intentar conseguir que el Alavés permanezca un año más en la máxima categoría. Un desafío que afronta con confianza. "Muy feliz de poder unirme al Alavés es un año tan especial como el de su centenario. Convencido de que entre todos lo sacaremos", escribió en sus redes sociales nada más hacerse oficial su incorporación al Glorioso.