La apertura de las piscinas municipales de Oion ha sufrido varios incidentes estas semanas. Primero, ante la presencia de basura en la hierba Oiondeportivo avisó de la posible expulsión durante cinco días a quienes tiraran objetos al césped. Sin embargo, el pasado sábado se dio una situación escatológica que ha empeorado el panorama.
La aparición de heces en el vaso de la piscina grande ha obligado a cerrarla como mínimo hasta el próximo miércoles para garantizar la salubridad y realizar los trabajos de limpieza y desinfección necesarios. El Ayuntamiento lamenta los incidentes y recuerda la importancia del civismo para que todos puedan disfrutar de las piscinas.
Una situación repetida en el País Vasco
La situación vivida en el municipio de Rioja Alavesa no es un hecho aislado, ya que se ha repetido en las piscinas del País Vasco este verano.
En Lemoa, el municipio vizcaíno ha encadenado tres cierres de sus piscinas municipales en apenas quince días debido a la presencia repetida de heces en el agua. Ante el hartazgo vecinal y el coste de los tratamientos, el Ayuntamiento de Lemoa ha endurecido sus ordenanzas, estableciendo multas de hasta 3.000 euros y la prohibición de acceder a las instalaciones durante cinco años para los responsables.
En Getxo, las instalaciones deportivas de Fadura también se vieron obligadas a clausurar de urgencia su piscina olímpica exterior tras detectarse restos orgánicos flotando en el agua, activando el plan de contingencia sanitaria para desinfectar el vaso.
Peligrosos parásitos
El agua de las piscinas, aunque esté clorada, no es un entorno estéril de forma instantánea. Según su resistencia al cloro, hay dos tipos de patógenos que pueden ser una amenaza en una piscina:
- Las bacterias y virus comunes -microorganismos como la bacteria Escherichia coli, causante de diarreas y cólicos severos, o el virus de la Hepatitis A- son vulnerables, por lo que el cloro libre residual de la piscina los neutraliza en cuestión de minutos.
- El verdadero enemigo de los técnicos de mantenimiento es el Cryptosporidium, el parásito acorazado. Este protozoo, causante de la cryptosporidiosis, posee una cubierta exterior extremadamente dura que le permite sobrevivir más de 10 días en una piscina con niveles de cloración normales. Su ingesta accidental provoca diarreas acuosas crónicas, deshidratación, fiebre y dolor abdominal, un cuadro que puede resultar grave en niños, ancianos o personas inmunodeprimidas.
¿Cómo se desinfecta una piscina?
Cuando el socorrista de Oion dio la voz de alarma, se activó de forma inmediata el protocolo de seguridad biológica exigido por el Decreto 32/2003 del Gobierno Vasco y el Real Decreto 742/2013. El proceso de descontaminación consta de las siguientes fases críticas:
Una vez desalojado el vaso y precintadas las instalaciones para impedir el baño, los técnicos proceden a la extracción física de los residuos utilizando redes de malla fina. En esta fase inicial está prohibido emplear limpiafondos automáticos o barrederas mecánicas porque la succión trituraría los restos orgánicos y propagaría millones de bacterias directamente hacia el sumidero de fondo, las tuberías de retorno y las arenas de los filtros, multiplicando el alcance de la contaminación.
Luego se da paso a la fase de hipercloración, un tratamiento de choque químico concebido específicamente para batir al parásito Cryptosporidium. Para lograrlo, se eleva la concentración de cloro libre en el agua hasta un nivel masivo de veinte partes por millón, manteniendo las bombas de recirculación trabajando ininterrumpidamente durante un periodo que oscila entre las trece y las veinticuatro horas según la consistencia de las heces. Este proceso garantiza que el agua altamente desinfectante fluya por todos los recodos del circuito técnico, culminando con un contralavado de los filtros de arena para expulsar al desagüe cualquier resto biológico atrapado en el sistema de retención de partículas.
Finalmente, antes de que la piscina pueda volver a abrir sus puertas, los técnicos deben realizar un proceso de descloración para neutralizar el desinfectante y rebajar el cloro libre hasta los límites legalmente permitidos para el baño, recurriendo al vaciado parcial con aporte de agua nueva o aplicando tiosulfato de sodio. El protocolo sanitario concluye con la toma de muestras de agua para su análisis microbiológico en laboratorio para certificar la ausencia total de patógenos y da luz verde definitiva a la reapertura segura del vaso.