Se convirtió en un fenómeno mundial en 2019, revolucionando la forma en que se organizan los espacios en el hogar y inició a mucha gente en una forma de mantener su casa ordenada. Su frase de “traer felicidad” (spark joy, en inglés), a la hora de decidir si una prenda u objeto permanecía en casa, empezó a incorporarse en el día a día. 

Pero la organización profesional no surgió con Marie Kondo, ni acaba con ella. Son muchas las personas, hombres y mujeres, que se dedican profesionalmente a ello desde hace muchos años. El interés en el Estado surgió a raíz de la serie de la plataforma Netflix en 2019, pero desde entonces el interés por la organización profesional ha ido creciendo. Existe la Asociación de Organizadores Profesionales (AOPE) que surgió en 2017, hay formación, talleres y congresos como el que se celebró el pasado mes de junio en Málaga. Es una profesión en auge si bien todavía es bastante desconocida para muchas personas.

Para Laura y Shelsia Balbino, madre e hija, la organización es su pasión. Laura creció en un ambiente donde se le enseñó desde pequeña a mantener las cosas ordenadas, enseñanza que transmitió a su hija. Pero cuando su hija le propuso crear un negocio, Laura se mostró reacia. “¿Pero quién me iba a pagar por ordenarle la casa? Mi hija me animó a hacer un curso y y abrí los ojos. El resto es historia.”

Laura se lanzó a emprender en 2018 junto con su hija, que le ayudaba en sus ratos libres. Los comienzos fueron algo difíciles, cuenta, pero poco a poco fueron creciendo. Los clientes repetían con ellas. En 2021, Shelsia decidió dejar su trabajo y un año después, Luis, la pareja de Laura, también se incorporó.

Pero organizar una casa no se trata de dejarla como en una revista o una publicación en redes sociales. “La idea no es crear una casa de revista, o limpiar, sino que la gente aprenda un sistema de organización para que puedan seguir manteniendo ese orden”. Se trata de ayudar a las personas a tener un sistema de orden. “La gente cree que es muy desorganizada, pero no es así. Es que el sistema que tienen no les funciona”.

La gente suele acudir por momentos puntuales: un divorcio, una mudanza, una enfermedad grave como un ictus o un cáncer o simplemente para ordenar un armario. Hay gente mayor que les llama cuando se dan cuenta de que han acumulado muchos enseres y esa situación les supera. “Necesitan a una persona en quien puedan confiar que no solo les ordene la casa sino también que les enseñe a mantener la vivienda ordenada. Ten en cuenta que nos permiten entrar en sus vidas, mirando armarios y cajones. Algo que es muy íntimo y que tratamos con mucho cuidado y delicadeza”. Y, en ocasiones, esos clientes se transforman en amistades.

La mayoría de sus clientes son mujeres. Los hombres son más reacios, afirman: “piensan que van a tirar el dinero. Tal vez, por ese prejuicio de que ordenar algo es cosa de mujeres. Y, sin embargo, luego son los que mas disfrutan y los que más se disponen a aprender”. Cuentan, entre risas, la anécdota de una clienta que les llamó diciendo que su marido se había pasado una tarde intentando descifrar cómo habían doblado los calcetines.La solución: enviarles un vídeo para que aprendieran a hacerlo.

Laura afirma que, a la hora de organizar, cada uno tiene zonas favoritas. A ella le gustan las cocinas, a Shelsia los armarios y a Luis los trasteros o el montaje de muebles. Así que cuando entran en una casa, ya saben quién se encarga de qué. Trabajar y vivir juntos no parece ser un problema. “Podemos compartir cosas que aprendemos o que hemos visto o hecho. Compartimos la misma pasión y eso lo hace muy fácil”.

Mantener una vivienda ordenada da paz mental, afirman. Volver a casa y que ya esté recogida, da tiempo para dedicarse a algún hobby o a salir con amistades o simplemente a no hacer nada. Laura afirma que la clave es que cada cosa tiene su sitio. No se trata de estar pendiente constantemente sino de tener un hábito de colocar las cosas en su sitio, de no esconder el desorden debajo de una cama o en un armario, porque si no, ahí se va a quedar. “Me gusta llegar a mi casa y ver que está todo limpio y me puedo relajar pintando o haciendo manualidades” . Añade Shelsia que ellos siguen el mismo sistema en casa. “La gente piensa que tenemos las tardes libres y no”, explica. “Las tardes son para hacer visitas a los clientes, y para la parte administrativa del negocio: facturas, presupuestos, etc. Llevar un orden nos permite luego hacer otras cosas”.

Defienden la idea de que es muy fácil tener la casa ordenada, lo difícil es crear el sistema que te permita hacerlo. Ahí entra su labor. Conocen las técnicas y trucos para ordenar y, sobre todo, mantener ordenado el hogar.

Una pasión que ayuda a otras personas

Su pasión por buscar la mejor manera de mantener las cosas ordenadas las llevó a emprender en 2018. En estos cinco años, han ayudado a muchos clientes a poner orden en sus hogares, y, por ende, en sus vidas. La pandemia las obligó a parar durante meses. Cuando pudieron volver, su primera cliente había acumulado enseres en un chalet de 3 plantas hasta el punto de que apenas no podían entrar. Trabajaron durante una semana entera, con las mascarillas y todavía en plena pandemia. “No es fácil para una persona llamar a otra a que vengan a su casa a que le reordene los cajones, que le mire los armarios para ordenarlos. Hacemos algo de psicología”. En la actualidad, esa clienta se ha convertido en amiga y sigue manteniendo la casa ordenada. Para ellas, fue el trabajo más difícil, pero también el más gratificante.

¿Qué es un organizador profesional?

Según la Asociación de Organizadores Profesionales de España (AOPE), un organizador profesional "crea y mantiene sistemas de organización enseñando a otros los principios básicos de los mismos, así devuelve la funcionalidad a los espacios, objetos o rutinas donde está reducida o eliminada por la mala práctica, disfuncionalidad o desorden de los usuarios."

Ayuda a crear un sistema, adaptado a cada cliente, para que la persona pueda recuperar el orden en su vivienda, trastero, o incluso armario. Estrategias, dinámicas y trucos que hacen la vida más fácil y permiten volver a casa sabiendo que no hay que empezar a ponerse a recoger nada más llegar.